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Nuestro Apóstol expresó: “En los Andes puede estar el pedestal de nuestra libertad, pero el corazón de nuestra libertad está en nuestras mujeres”1. Vestidas de Patria, bajo el sello de la Casa Editorial Verde Olivo, invita a los amantes de la lectura a desempolvar viejas historias cargadas de heroísmo, que tienen como principal protagonista a la mujer cubana. Para ello, Olivia Diago Izquierdo, su autora, ha hurgado en este apasionante tema insuficientemente abordado.

 

Hace ya mucho tiempo leí que Fidel Castro es una de las personalidades más fotografiadas de su tiempo. No tengo duda alguna de que así sea, debido a su larga ejecutoria pública por casi cincuenta años: sus viajes por diferentes países, su presencia en numerosos foros internacionales y sus tantos encuentros con otras personalidades de relieve mundial de las más variadas esferas sociales. Todo ello, desde luego, explica por qué las lentes le persiguieron por todas partes: no se entienden el siglo xx y los inicios del actual sin su presencia, siempre activa, renovadora, cuestionadora, como el mismo proceso revolucionarioque encabezó.

Sentimientos patrióticos vibraban en cada uno de los hombres y mujeres que se alistaban para una acción armada contra el tirano. Corría entonces el año 1953. En una hazaña como la que se preparaba era imprescindible la emoción, ánimos exaltados. El líder lo sabía bien y piensa en el valor movilizador de una marcha.

 

Quiso el destino que Fidel confiara en Agustín Díaz Cartaya para que escribiera los versos  que, cantados, llevarían en sus corazones aquel 26 de julio.

Reto a la soledad

El 22 de enero de 1978 Orlando Cardoso Villavicencio, entonces teniente de las FAR, fue herido en las cercanías de Harar, Etiopía, mientras cumplía una misión internacionalista. Único sobreviviente de una sangrienta emboscada, sufrió una larga, cruel e inhumana encarcelación en una prisión somalí y se convirtió en el prisionero de guerra más antiguo del mundo en su momento.
Este título posee un encanto singular, la tragedia está siempre matizada por un toque de esperanza, y la crítica fluctúa entre el juicio severo y el bondadoso perdón. Las memorias de este combatiente desbordan, entre sus líneas, la nobleza humana de un joven que nos deja admirados ante su hazaña que —al decir de Fidel— es “[…] un triunfo sobre las ideas más oscuras y retrógradas”.

¿Quiénes somos? ¿De dónde venimos? ¿Hacia dónde vamos? son algunas de las preguntas que la obra El último general mambí caído en combate pretende responder a través de la historia del brigadier Adolfo Laureano del Castillo Sánchez.

 

El volumen, bajo el Sello de la Casa Editorial Verde Olivo, pretende romper las fronteras del olvido y dar a conocer los orígenes y trayectoria de este patriota que, con el filo del machete, escaló los más altos peldaños del Ejército Libertador en la región habanera.

 

Valentín Molina Piñeiro, su autor, hace llegar al lector un proyecto que abarca desde su niñez hasta la posterior incorporación a las filas mambisas y los progresivos ascensos. Además, dará a conocer su heroica caída en combate y los tributos que la sociedad cubana le ha conferido por su distinguida existencia.

 

Conformado por breves cronologías, anexos y testimonio gráfico, la investigación descansa en el análisis exhaustivo de las variadas fuentes documentales y bibliográficas. Sirva entonces esta publicación como preámbulo y motivación para futuros estudios sobre los patriotas menos recordados de las gestas independentistas de Cuba.

Huellas de Tania es el título de esta obra para la cual se ha  indagado y compilado informaciones basadas en la vida de Haydée Tamara Bunke Bíder, Tania la Guerrillera. De igual forma se dan a conocer  hechos inéditos desde su nacimiento, el 19 de noviembre de 1937 en la ciudad argentina de Buenos Aires, hasta su caída en combate en el vado de Puerto Mauricio en Río Grande, Bolivia, el 31 de agosto de 1967, casi al cumplir treinta años. Se precisan algunos acontecimientos referidos a la impresionante vida clandestina y a su heroica actuación en la guerrilla del Che en Bolivia.

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