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Homenaje de la editorial Verde Olivo al centenario de Jesús Orta Ruiz; es la más completa compilación de poesía política que se ha realizado del admirado poeta. El libro, a través de héroes, mártires y efemérides, nos propone un viaje poético por la historia de Cuba. Quien dude alguna vez de su condición de cubano, puede reaccionar positivamente acercándose a Fulgor de un nombre; cuyo contenido, de principio a fin, fuera descrito por el propio poeta en febrero de 2005: “[…] La conocida aceptación popular de estos poemas, algunos memorizados y recitados por varias generaciones, es la mejor prueba de que cuando se hable de poesía y tiempo no hay que olvidar el espacio y la ocasión […]. Fue así que surgió esta poesía de fechas y circunstancias, tan sentida por mí como cualquier otra […].

Desde noviembre de 1967 formé parte del equipo de investigaciones históricas de la Comisión de Orientación Revolucionaria (COR), del Partido Comunista de Cuba (PCC) en Caibarién, actual provincia de Villa Clara.

La encomienda consistió en una pesquisa que recogiera, sino todos, la mayoría de los sucesos de la última etapa de la Guerra de Liberación Nacional en el Frente Norte de Las Villas, desde las actividades realizadas por los primeros grupos de alzados, la llegada de la columna invasora Antonio Maceo a las entonces tierras villareñas hasta la toma de la fortaleza militar de Yaguajay.

Este trabajo resultó provechoso, pues gracias a él conocí a combatientes de la lucha guerrillera, diversas operaciones militares y los rasgos más acentuados de la personalidad del comandante Camilo Cienfuegos Gorriarán.

Durante cada encuentro salieron a relucir innumerables hechos que caracterizaron al hombre simpático, cariñoso, burlón, valiente, audaz, de amplia sonrisa y sombrero alón que siempre lo 14 acompañó. Un símbolo, un ideal, una personalidad con valores suficientes para ser imitado.

Tres años más tarde terminé parte de la búsqueda.

Ya había recopilado un rico anecdotario sobre Camilo en el Frente Norte, título que decidí para este libro. Su elaboración me llevó a volver repetidas veces al escenario donde el jefe rebelde desarrolló sus acciones y a establecer contacto con muchos compañeros y compañeras con el propósito de precisar fecha y lugar del suceso, ya que mi intención era presentar las anécdotas en orden cronológico, tal como aparecen en estas páginas.

Igualmente, desde un principio concebí designar a cada una de ellas con una frase dicha por Camilo, así como legitimar el nombre del entrevistado.

Lograr que el lector se identificara con cada historia y ofrecer de manera más pormenorizada los acontecimientos que materializaron la victoria de las armas rebeldes en esa zona, a finales de 1958, constituyó otro de mis objetivos. Algunas fueron tomadas de diferentes publicaciones y llevadas a la estructura de este texto.

Aproximadamente cien fotografías, documentos y testimonios forman esta obra. Más que una recopilación, es una antología donde se resalta la figura del Héroe de Yaguajay en toda su extensión, al caracterizar su ideología, su lucha y su cubanía.

 

René Batista Moreno

 

 

 

 

Una carta sorprendente llegó a la oficina de los patriotas cubanos en Nueva York: la noticia de un aparato que podía volar y bombardear al ejército enemigo. ¿Existía ese aparato en 1893? Un joven revolucionario, burlando la vigilancia del régimen español, había creado el velocípedo aéreo y lo ofrecía, como todo su talento, para liberar a Cuba. Era Arturo Comas Pons, ingeniero agrónomo, periodista, inventor y dibu- jante, quien escribió a Martí sabiendo que organizaba la Guerra Necesa- ria. En su honor, los dos aviones construidos en Cuba, cien años después, llevan por nombre Comas 1 y Comas 2, uno de los cuales se exhibe en el Museo del Aire en La Habana.

El general de brigada Arnaldo Tamayo Méndez, después de treinta años de su salto al espacio cósmico, narra sus vivencias fuera del globo terraqueo y como cubano, desde su infancia en el natal Guantánamo, como piloto de guerra y cosmonauta investigador.El general de brigada Arnaldo Tamayo Méndez, después de treinta años de su salto al espacio cósmico, narra sus vivencias fuera del globo terraqueo y como cubano, desde su infancia en el natal Guantánamo, como piloto de guerra y cosmonauta investigador.

Hace ya 171 años, en la calle de Paula —hoy Leonor Pérez—, nació un niño que estaba destinado a convertirse en el más universal de todos los cubanos. Su extraordinaria inteligencia le permitiría saltar por encima de los límites que su humilde cuna le trazaba; conquistar la amistad y el aprecio del poeta y maestro Rafael María de Mendive, director primero de la Escuela de Instrucción Primaria Superior Municipal para Varones y después, del colegio San Pablo, en cuya casa era como un hijo y en cuya escuela pudo estudiar la enseñanza media, para luego, ya en España, realizar sus dos carreras universitarias—Derecho y Filosofía y Letras—, y a lo largo de toda su vida adquirir una vasta y variada cultura.

El beso de Cuba, llamaba a la marca en su labio superior: fue una herida que recibió en combate. Flor Crombet (nacido en El Cobre, Santiago de Cuba, 17 de septiembre de 1851) casi desde niño se entregó plenamente a su Patria. Por su valor e inteligencia ganó la confianza de Antonio Maceo, Máximo Gómez y José Martí. Participó en la Protesta de Baraguá. Para or- ganizar la Guerra Chiquita, viajó a Estados Unidos, al regresar fue detenido y enviado a España. Allí sufrió prisión 23 meses, pero logró escapar y se estableció en Costa Rica. Para reiniciar la Guerra Necesaria, dirige la expedición de la goleta Honor, que con Antonio y José Maceo, desembarca el 1 de abril de 1895 por Duaba (Baracoa). Cerca del lugar, cayó combatiendo diez días después. Flor tiene un noble corazón, −afirmó Martí. Y su vida deslumbra como fuego intenso, maravilloso.

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