Libros

Noventa escalones para ascender a la cima de una vida dedicada a los demás, a Cuba, al mundo, a la humanidad.

Era solo un niño y, aunque tenía una cómoda situación familiar, sufrió el hambre que aún hoy padecen millones de infantes en el mundo, a pesar de su estímulo cotidiano a la solidaridad mundial.

Era solo un niño, pero no admitió la vejación ni siquiera de parte de sus superiores. Desde temprano, la estirpe de hombre libre corrió por sus venas.

Era solo un adolescente, apuesto e inteligente, gallardo y muy estudioso, cuyo futuro fue avizorado desde entonces.

Era solo un joven e hizo repicar de nuevo la campana de la Demajagua para que los estudiantes, y la juventud del país y del planeta reclamaran los derechos de quienes se saben con razones e ideales suficientes.

Era solo un joven aquel que hizo desbordarse, en nuestras calles, un mar de cubanas y cubanos, cuando la Marcha de las Antorchas.

Era también solo un joven aquel que con su sangre generosa escribió millones de nombres en tan solo cinco letras: Fidel.

Es él en cada niño, adolescente o joven que le imita, que le sigue, que le ama, porque son grandes, desde que nacen, aquellos que con su ejemplo escriben un sinnúmero de historias en tan solo una palabra: justicia.

Las autoras

Cuba ocupa la primera trinchera en la lucha contra el imperialismo que, prepotente hoy como nunca antes, pretende dirigir el destino de los pueblos. En esa trinchera, la primera posición corresponde a la Brigada de la Frontera, y desde ella hombres y mujeres muestran diariamente al enemigo la serenidad, heroísmo, abnegación e inclaudicable firmeza con que nuestro pueblo defiende su soberanía y conquistas.

 

Como modesto homenaje a la actitud ejemplar de esos combatientes, en 1986 el Centro de Estudios de Historia Militar (CEHM) publicó Punta de Vanguardia, donde expuso las causas que originaron la existencia de esa unidad, así como su evolución y desarrollo hasta 1985.

Un hombre afortunado

El gallego Fernández, seudónimo por el cual también se le conoció, nos regala pasajes de su vida con su mayor satisfacción que radica en el privilegio de responder el llamado del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz desde los primeros días del Triunfo de la Revolución y cumplir con modestia, responsabilidad y sencillez cada tarea encomendada.

Cuentan que a principios de los años cincuenta de la centuria pasada, cuando se iniciaba la carrera armamentista nuclear, al científico Albert Einstein le preguntaron: —¿Con qué medios usted considera que se desarrollará la Tercera Guerra Mundial? La respuesta fue rápida: —No creo que nadie pueda predecir eso, pero estoy seguro de que la cuarta será con el hacha de piedra. Al inicio de la década de los sesenta ya había acumulada una cantidad considerable de armas nucleares de una potencia colosal. Vivíamos en plena Guerra Fría y, aunque todos sabían que era posible una nueva “guerra caliente” devastadora, eso no preocupaba ni mucho ni poco a nadie, era como un elemento más del paisaje que, por cotidiano, pasaba inadvertido; igual al aire que, al no verse, es como si no existiese. Solo algo poco probable en teoría. Sin embargo, la Crisis de Octubre de 1962 (para los cubanos), Crisis del Caribe (para los soviéticos) o Crisis de los Misiles (para los norteamericanos), fue la primera vez, y por suerte la última hasta ahora, en que la humanidad se vio al borde de la guerra termonuclear, a punto de regresar al hacha de piedra. Constituyó la primera confrontación directa en gran escala entre la Unión Soviética y Estados Unidos (EE. UU.) durante la posguerra, y los colocó al borde de la catástrofe; por tal motivo este suceso histórico continúa atrayendo el interés de políticos, investigadores y escritores después de medio siglo, pues aquellos días “estremecieron” al mundo en el sentido literal de la palabra.

La presencia del comandante Ernesto Che Guevara en Bolivia ha sido tema de escritos y libros en diferentes idiomas. Su estancia en los predios bolivianos ha entintado millones de hojas de papel de imprenta. Es por ello que, a través de mis crónicas y entrevistas, intento más que todo llevarle al lector algunas aristas humanas de su paso, en los años 1966 y 1967, por la franja boliviana, en las que dejó marcada su impronta de hombre diáfano y sin machas, como lo describiera Fidel Castro Ruz en las palabras de despedida al héroe. Durante tres visitas al país andino, recorrí casi todos los lugares por donde pasó con sus guerrilleros. Me auxilié de la Brigada Médica Cubana que ha seguido sus huellas con la nobleza del galeno que cura siempre al más humilde sin cobrarle nada.

A Fidel y Raúl, forjadores de la unidad que nos condujo a la victoria y a la existencia de la Revolución. A los fundadores del Partido Comunista de Cuba quienes, con su conducta y su ejemplo, hicieron posible la existencia de esta organización única, martiana y marxista-leninista que hoy, mañana y siempre dirigirá la Revolución.

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