Céspedes:como un sol de llamas
El 27 de febrero de 1874 cayó en combate contra el colonialismo español,Carlos Manuel de Céspedes y del Castillo. En su profunda admiración porel padre fundador de la nación, José Martí recopilaba información acerca de su persona y su accionar con el propósito de escribir un libro. A Máximo Gómez envió una carta en 1878 en la que le decía: «Escribo un libro, y necesito saber qué cargos principales pueden hacerse a Céspedes, qué razones pueden darse en su defensa—que, puesto que escribo, es para defender.—Las glorias no se deben enterrar sino sacar a luz […]».1
Por lo general, las personas que más brillan despiertan celos y dudas,y Céspedes, más allá de los defectos que pudo haber tenido —nadie es perfecto—, brillaba con luz propia. Con respecto a las muchas críticas que le hicieron sus contemporáneos, Martí tomó partido y, entre otras ideas, expresó: «[…] Él creía que la autoridad no debía estar dividida; que la unidad del mando era la salvación de la revolución […]—Él tenía un fin rápido, único: la independencia de la patria. La Cámara tenía otro: lo que será el país después de la independencia. Los dos tenían razón; pero, en el momento de la lucha, la Cámara la tenía segundamente […]».2La historia se encargaría de darle la razón.
El caudillismo y el regionalismo, que desde el principio primaron en aquellos hombres que,por su posición social, estaban acostumbrados a mandar, debilitaban la revolución. En torno a Céspedes surgieron numerosas intrigas —vale recordaral respecto las palabras de Ignacio Agramonte: «¡Nunca permitiré que se murmure en mi presencia del Presidente de la República!»—.3Esa situación tuvo su triste epílogo cuando el 27 de octubre de 1873, en el campamento de Bijagual, fue depuesto como presidente por los miembros de la Cámara. Con dignidad, acató la decisión, consciente de que su oposición hubiera ocasionado una división capaz de destruir la revolución y, cuando sus partidarios le piden que anule la decisión y autorice el enfrentamiento, respondió: «[…] yo no soy capaz de […] permitir siquiera que por mi causa fuese a derramarse sangre entre hermanos, cuyo horroroso evento daría al trate con la Revolución Cubana».4
La decisión fue injusta y, más aún, que lo obligaron a acompañar al nuevo gobierno y a la Cámara durante dos meses, que se le negara el permiso para salir al extranjero y que se confinara, sin la debida escolta, en la finca San Lorenzo, en plena Sierra Maestra, a una de las personalidades de la Revolución más odiadas por el mando español. De ese modo, se facilitó lo ocurrido el 27 de febrero de 1874.
Ese día, una columna española perteneciente al batallón de San Quintín penetró en la zona. Avisado del peligro, Céspedes corrió hacia el monte intercambiando disparos con sus perseguidores.Nadie relata mejor sus últimos momentos que Renée Méndez Capote, quien describe cómo, seguido por aquella tropa, pero dispuesto a no caer vivo en sus manos,«En un tremendo esfuerzo logra [...] llegar con vida a un barranco. [...] Está moribundo, mas, entero y con el corazón sereno».5Y añadió:
«Desde lo alto los españoles lo ultiman a tiros repetidos, uno de ellos en pleno corazón. Después se ensañan con su cadáver [...]
»En el fondo del barranco, una poza de sangre clama, y en el ámbito de Cuba en guerra, resuena, con tañido doliente, la campana que él tocó para todos los cubanos».6
Por su parte, el coronel del Ejército Libertador Manuel Sanguily Garrite afirmó: «Céspedes no podía consentir que, a él, encarnación soberana de la sublime rebeldía, le llevaran en triunfo los españoles, preso y amarrado como un delincuente. Aceptó, solo, por breves momentos, el gran combate de su pueblo: hizo frente con su revólver a los enemigos que se le encimaban, y herido de muerte por bala contraria, cayó en un barranco, como un sol de llamas que se hunde en el abismo».7
Ese día, «comoun sol de llamas», el padre fundador de la nación cubana renació para convertirse en alma de la Patria.
Referencias
1 José Martí: “Al general Máximo Gómez, 1878, en Obras completas, t. 20, Centro de Estudios Martianos, La Habana, 2007, pp. 263-264.
2 José Martí: “Carlos Manuel de Céspedes”, en ob. cit., t. 22, pp. 235-236.
3 José Martí: “Céspedes y Agramonte”, en ob. cit., t. 4, p. 362.
4 Hortensia Pichardo y Fernando Portuondo (comp.): Carlos Manuel de Céspedes. Escritos, t. 1, editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1982, p. 325
5 Renée Méndez Capote: Relatos heroicos, Editorial Gente Nueva, La Habana, 1990, pp. 46-47.
6 Idem.
7 Cit. en http://misiones.cubaminrex.cu/es/articulo/carlos-manuel-de-cespedes-148-...




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