Fidel en México: el comienzo de la insurrección

09 de Julio de 2025

Fidel y el Che en la cárcel de México. Imagen: Evelio Toledo

Desde que fueran liberados los asaltantes a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes del llamado Presidio Modelo —prisión de la entonces Isla de Pinos (15 de mayo de 1955)—, Fidel intentó reiniciar la lucha cívica contra la tiranía; pero todos los caminos le fueron cerrados: los medios de prensa escrita eran allanados, clausurados o sus artículos vetados; los programas de radio o mítines, prohibidos. Incluso se planeó un atentado en su contra.

 

En Factoría no. 62, Habana Vieja, se reunieron (12 de junio) quienes constituirían la dirección nacional del movimiento, cuyo nombre —acordado cuando la salida del presidio— se adoptó oficialmente. Una vez organizado el Movimiento Revolucionario 26 de Julio (MR-26-7), el jueves 7 de julio, partiría Fidel hacia la hermana nación mexicana, con el propósito de organizar la insurrección que pondría fin a la feroz dictadura batistiana.

 

El día 8, ya en la capital, se puso en contacto con María Antonia Figueroa Araujo (1918-2017), la maestra santiaguera, cuya ayuda sería vital tanto para nuclear el grupo como para conseguir donde hospedarlos. En su labor, Fidel tuvo presente la máxima martiana: «En revolución, los métodos han de ser callados; los fines, públicos»,1 y procuraba la mayor discreción posible.

 

También martiana fue la decisión de partir hacia Estados Unidos (20 de octubre), acompañado de Juan Manuel Márquez (1915-1956) para unir a los diferentes grupos de emigrados en torno a la labor del MR-26-7. El 30 de octubre, Nueva York amaneció bajo lluvias torrenciales, que, sin embargo, no impidieron que más de ochocientos cubanos de las tres organizaciones opositoras al batistato se fundieran en el Club Patriótico 26 de Julio.

 

Fidel, fiel al legado martiano afirmó: «[...] vinimos a realizar una obra que ya nos enseñó el Apóstol en el 95. Vinimos para hacer entre muchos la obra aquella que solo pudo hacer un gigante». Fue precisamente en este acto que Fidel asumió el compromiso de que «[...] en el año 1956 seremos libres o seremos mártires».2

 

De ahí, a Tampa y Cayo Hueso con la misma misión. Y después, de vuelta a México, para en apenas tres meses organizar la expedición del Granma, asediados por las fuerzas represivas de la tiranía, apoyadas por elementos de la Policía mexicana y la CIA, que lograron, incluso encarcelarlos; pero nada impediría que cumplieran su compromiso con la historia.

 

Referencias

1 José Martí: “Las expediciones y la revolución”, en Obras completas, t. 2, p. 93.

2 Fidel Castro: «Discurso de Palm Garden, Nueva York», en Archivo de la OAH.

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