Poseído por una causa

26 de Diciembre de 2022

Foto: Cortesía Casa Editorial Verde Olivo

El estrecho Callejón del Muro indica homenaje perenne. Han pasado 65 años y la brisa aún se empeña en apagar el estrepitoso sonido que acabó con la vida de Frank País García.

 

Aquel de mirada profunda abrazó la lucha clandestina hasta las últimas consecuencias, por su amor a la Patria. En una carta lo declara entonces:

 

“[…] Me siento como poseído. En mis venas arde un solo deseo, servirla. Me vejan, me dejan solo, sufro, pero ya no me importa, ¡Qué me va a importar si la tengo a ella!”.

 

El joven maestro tocaba piano, regalaba flores, escribía y recitaba versos. Era capaz de lo más sublime y de las decisiones más drásticas cuando de principios y disciplina se trataba.

 

Todo cuanto hizo siendo tan joven quedó para la historia. Por encima de sus 21 años sobresalía la personalidad que percibió Fidel en aquel primer encuentro en México.

 

Luego, bajo las más difíciles condiciones y perseguido tenazmente por la jauría de matones del régimen, Frank despliega, hasta su asesinato, el más intenso período clandestino para ser fiel a la confianza que le depositó el líder de la Revolución.

 

De esa personalidad, su valor y trascendencia, haría un resumen el General de Ejército Raúl Castro Ruz tras el triunfo del 1ro de Enero: “Con poco más de 20 años, Frank tenía la talla de un auténtico político, la madurez de un luchador avezado, el fogueo combativo de un veterano, la tenacidad de un hombre convencido y la valentía personal de un combatiente de la primera línea. Recto en los principios, organizado y exigente, de una modestia proverbial, valiente hasta la temeridad y de una intuición poco común, era el tipo de hombres que penetran hondo y definitivamente en el corazón del pueblo”.

 

Por eso, despedirlo junto al firme compañero Raúl Pujol, asesinado delante de él a escasos metros, fue la más combativa y doliente manifestación de la ciudad santiaguera. Volcados a las calles desafiaron la represión para acompañar a la estoica madre Doña Rosario, a su inconsolable novia América Domitro y a sí mismos en el dolor. Allí juraron continuar en el combate.

 

Unido al sentimiento del pueblo ante ese episodio lacerante, el Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz escribiría poco después unas sentidas líneas: “[…] ¡Qué monstruos! No saben la inteligencia, el carácter, la integridad que han asesinado. No sospecha siquiera el pueblo de Cuba quién era Frank País, lo que había en él de grande y prometedor. Duele verlo así, ultimado en plena madurez […], cuando estaba dándole a la Revolución lo mejor de sí mismo”.

 

Desde esta edición especial, al cumplirse 65 años de su desaparición física, lo recordamos: eternamente joven, enamorado de la vida, con un profundo amor a su familia, a sus compañeros y a la Patria por la cual ofrendó su vida.

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