Contra Cuba siguen fluyendo dólares para la Guerra No Convencional. (II)
Los medios de difusión masiva y la Guerra No Convencional
La publicación de técnicas del Ejército ATP 3.05.01, «La guerra no convencional de las fuerzas especiales» refiere, por ejemplo, que la televisión constituye, después de la telefonía celular, la principal fuente tecnológica disponible para la difusión de «mensajes unificados» (entiéndase subversivos).
Con respecto a Internet y la telefonía celular, debemos tener en cuenta un dato que con seguridad nuestros adversarios conocen. Para enero de 2025, de acuerdo con información ofrecida por nuestra Ministra de Comunicaciones, Mayra Arevich Marín, ante la Asamblea Nacional del Poder Popular, en Cuba casi ocho millones de usuarios tenían acceso a la telefonía celular; de esa cifra, más del 94 por ciento accedía a Internet a través de sus celulares.
El propio manual estadounidense puntualiza que, de todos los componentes de la GNC, la subversión apoyada por EE.UU es «la única actividad de mayor valor estratégico que provee de métodos discretos de influencia sobre el comportamiento del adversario, sin recurrir a acciones más directas y unilaterales por EE.UU. El apoyo estadounidense a la subversión (…) constituye el corazón de la GNC».
Añade que la estrategia de subversión tiene entre sus objetivos crear división entre el gobierno y el pueblo; debilitar el apoyo popular de que disponen las autoridades del país agredido, al sembrar dudas y desconfianza sobre sus capacidades para superar un problema o sobre su compromiso con el pueblo; también se busca recargar a las fuerzas de seguridad interna con desórdenes públicos.
Quienes han seguido la situación en Cuba pueden atestiguar que esa estrategia que acabamos de resumir se parece mucho, para no decir que constituye un calco, a la que se ha aplicado contra nuestro país en la última década, con mayor énfasis tras la llegada al poder de Donald Trump. Los medios de difusión masiva, en particular Internet y como parte de este las redes sociales, han sido claves en ese esquema del enemigo.
Un amigo define la estrategia de GNC de EE.UU contra Cuba de la siguiente manera: hacer la vida imposible al pueblo y echar las culpas al Gobierno. Podrán existir, y existen, otros conceptos más acabados, pero este resume con claridad la guerra que enfrentan el Estado y el pueblo cubanos.
Entonces podemos entender por qué en abril pasado, en una entrega previa, afirmamos que no estaba en riesgo la guerra encubierta contra nuestro país, aunque por esa fecha habían cerrado —momentáneamente— la radio y la TV anticubanas. Trump había ordenado también pausar la entrega de dinero a presuntas organizaciones no gubernamentales, que a través de la USAID han canalizado por años millones de dólares del contribuyente norteamericano al negocio de la «libertad de Cuba».
No se detendrán en ese esfuerzo subversivo; aprecian, como perros de presa, que la difícil situación que enfrenta el país puede propiciar una revuelta interna que, con el apoyo solapado o abierto del gobierno norteamericano, les permita dar el jaque mate soñado a nuestro proyecto social.
Algunos han acudido incluso a la Inteligencia Artificial para vaticinar, sin tener en cuenta la historia del pueblo cubano, el tiempo que le queda a la Revolución. Ya no saben qué inventar, después que sus analistas fracasan una y otra vez al abordar el tema. Las máquinas tampoco serán certeras a la hora de calcular el futuro de este país, que solo pueden decidirlo los cubanos de acá.
Pocas dudas puede haber de que esos millones de dólares se aprobarán, pero tampoco dudamos que se malgastarán, como sucede cada año con el dinero que el Congreso gringo destina contra Cuba.
Sabemos qué quieren y por dónde vienen. ¡Estemos preparados!!!!
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