No, a la nostalgia!

28 de Noviembre de 2022

Foto: Teniente coronel(R) Francy Espinosa González

Fidel nos enseñó a ser consecuentes aunque el dolor y la tristeza fustigaran en lo más hondo. Y así lo hicimos aquel 30 de noviembre de 2016, cuando, con el corazón apretado porque había muerto el líder indiscutible de la Revolución Cubana, realizamos la actividad más importante de nuestras profesiones: acompañarlo durante su viaje a la eternidad. 

 

Como integrantes de Verde Olivo, formamos parte de la caravana que recorrió el territorio nacional, como lo hizo él en 1959 en la Caravana de la Libertad, pero ahora lo haríamos en dirección inversa.

 

Evocando nuestras vivencias de hace seis años, queremos hacerlos cómplices de aquellos días del traslado de las cenizas del Comandante en Jefe hasta Santiago de Cuba y revelar lo vivido desde el cortejo fúnebre, durante más de mil cien kilómetros.

 

Para ello contamos con los testimonios gráficos de los millones de cubanos que mostraron el amor y respeto en el grito de “Yo soy Fidel”,  de quienes se sacaron del pecho un beso que lanzaron al aire y esbozaron un te quiero con los labios, pues sus labores no les permitían estar tan cerca; o aquellos que por asegurar el trayecto, de espaldas, sintieron su presencia.

 

Pretendemos evocar cómo millones de corazones latieron al unísono ante la incertidumbre, el amor y dolor del último viaje de quien representa una época, un país; por ello, su pueblo lo espero dignamente junto a las carreteras durante horas.

 

Durante las cuarenta y nueve horas del recorrido y todas las que las antecedieron y continuaron, Fidel convocó. Por eso fue común sentirse como aquellos rebeldes que bajaron de la Sierra Maestra hace más de medio siglo.

 

La marcha hacia Santiago de Cuba, el territorio donde los grandes tienen sitio perenne, se realizó a una velocidad constante entre los veinticinco y cuarenta kilómetros por hora. Ello permitió que el  pueblo pudiera compartir pensamientos con el Comandante en Jefe, y hoy los podamos exponer en estas páginas.

 

El recorrido de la caravana fue como la vida de Fidel: diversa y expectante, donde no faltaron los días grises, las lluvias débiles o fuertes, ni las cumbres a superar. Pero sobre todo, la Patria le rindió  el merecido tributo y honores a tan extraordinario hombre. Él viajó por su Cuba, protegido por la bandera de la Estrella Solitaria, para despedirse de todos y todo… No podía ser diferente.

 

Por esas razones, al líder de la Revolución Cubana van dedicados los trabajos que en los días siguientes publicaremos en el sitio web Verde Olivo, para revivirlo con las muestras de cariño del pueblo a través de una frase: “¡Yo soy Fidel!”.  

Comentarios

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