Martha, de Santa Clara y de Cuba

13 de Noviembre de 2025

Martha Abreu. Foto: Ecured

 

Si se sometiera a una deliberación en el Ejército Libertador 

el grado que a dama tan generosa habría de corresponder,

yo me atrevo a afirmar que no hubiera sido difícil se le asignara

el mismo grado que yo ostento.

 

Máximo Gómez

 

Martha Abreu Arencibia nació el 13 de noviembre de 1845 en la ciudad de Santa Clara. Sus padres fueron Pedro Nolasco Gon­zález-Abreu y Jiménez y Rosalía Arencibia y Plana, quienes formaban una acaudalada familia, lo que le permitió, desde muy joven viajar a los Estados Unidos y Europa. Poseía una cultura refinada y una profunda instrucción. En 1872, junto a su familia, se trasladó a La Habana y dos años después, se casó con el doctor y abogado Luis Estévez Romero, quien apoyó sus actividades benéfi­cas y patrióticas. Al año siguiente les nació su único hijo, Pedro.

 

La riqueza familiar no hizo de ella una persona egoísta; por el contrario, ¡era toda generosidad!, tanto que, al asu­mir la posesión de sus bienes, entre los que se encontraban grandes dotaciones de esclavos, les concedió la libertad.

 

Ha sido reconocida como la bene­factora de Santa Clara, en bene­ficio de cuya población realizó numerosas obras. A su generosidad se deben los edificios de la Policía, el Cuerpo de Bomberos y el que ocuparía la Escuela Municipal Conyedo. Con su auspicio fueron levantadas escuelas para niños pobres y asilos para ancianos desamparados. Patrocinó la construcción de obras so­ciales de gran utilidad, entre las cuales descuella el teatro La Caridad, inaugurado el 8 de septiembre de 1875, año en que tam­bién entregó habitaciones a 20 fami­lias de su ciudad natal.

 

En julio de1886, hizo erigir en la entonces Plaza de Armas —hoy Parque Leoncio Vi­dal— el obelisco dedicado a la me­moria de Juan Martín de Conyedo y Francisco Hurtado de Mendoza, dos hombres que mucho contribuyeron a la educación y salud de la villa .Inspirada en unos lavaderos públicos que vio en Suiza y pensando en las mu­jeres que lavaban en el río y bajo el sol, propuso al Ayuntamiento la idea y, en 1887, se levantaron cuatro lavaderos en las proximidades de los ríos Bélico y Cubanicay. Hoy, esos lavaderos no existen; pero en su recuerdo un céntrico establecimiento los muestra en sus vitrales.

 

En 1894 hizo construir una estación meteorológica, que fue opera­da por el prestigioso meteorólogo Julio Jover y Anido (Santa Clara, 1870-1917). Al año siguiente, patrocinó la construcción de una planta eléctrica y otras obras so­ciales, como la estación de ferrocarriles, inaugurada el 28 de febrero de ese año, así como un dispensario para niños pobres nombrado El Amparo.

 

Contribuyó de forma notable al sostenimiento de la guerra de 1895, puso toda su fortuna al servicio de la causa y manifestó que si esta se acababa, llegarían, incluso ella y los suyos a pedir limosna, porque la libertad de Cuba era lo primero. Sus ideas independentistas la obligaron a abando­nar la Isla; pero, en Francia, donde se radicó, desarrolló una intensa labor conspirativa y de recaudación de fon­dos para la guerra. De hecho, Martha fue la persona que más aportó a la insurrección armada.

 

Al terminar la guerra se trasladó a Estados Unidos y, en 1899, regresó a La Haba­na. En ese año, costeó los instrumentos para la banda de música del Cuerpo de Bomberos; contribuyó con la reparación del camino a Camajuaní, así como con las reformas que se hicieron a la iglesia del Buen Viaje y a la de Encrucijada. Tam­bién ayudó a artistas, intelectuales y hombres de ciencia como los doctores Carlos de la Torre Huerta (Matanzas, 1858-La Habana, 1950) y Julio Jover.

 

Dado el prestigio del matrimonio, Estrada Palma escogió a Luis Estévez y Romero como vicepresidente de la República; pero, en 1903, ante las ma­nipulaciones políticas del presidente y manejos que nada tenían que ver con su visión de república, Estévez renun­ció alegando razones de salud.

 

En 1906, cuando la segunda inter­vención norteamericana en Cuba, la pareja regresó a Francia.Poco después, con la salud quebran­tada, Martha se sometió a una operación, que se complicó y, a consecuencia de ello, falleció el 2 de enero de 1909.

 

Los santaclareños de hoy recuerdan a la benefactora e insigne patriota. Toda Cuba le rinde homenaje.

 

Referencias

 

1-Palabras pronunciadas durante una visita a Santa Clara.

2-Fue declarado Monumento Nacional en 1981 y es considerado una joya arquitectónica, patrimonial y cultural.

3-El padre Juan Martín de Conyedo (Remedios, 1687-Santa Clara, 1781) realizó numerosas obras por el bien de la ciudad; acometió la magna obra de reconstruir la Iglesia Mayor y dio la libertad a los esclavos que trabajaban en sus obras; prestó gran atención a la educación. El padre Francisco Hurtado de Mendoza Veitía (Santa Clara, 1724-1803) fue otro bienhechor de la ciudad de Santa Clara; costeó el antiguo hospital de San Lázaro como asilo, la iglesia La Divina Pastora y la escuela Nuestra Señora de los Dolores; al morir, liberó a sus esclavos.

Máximo Gómez

  • Detalle del monumento erigido en el parque central de Santa Clara. Foto: Universidad Central Martha Abreu

  • En recuerdo de los lavaderos mandados a construir por la patriota, un establecimiento céntrico exhibe hermosos vitrales. Foto: Lozano

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