Guardianes de boinas rojas

10 de Septiembre de 2021

Foto: Archivo de la Casa Editorial Verde Olivo

Regular el orden establecido con respeto les otorga, a los integrantes de las Tropas de Prevención, la autoridad para prevenir, reprender o elogiar, a los miembros de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR).

 

Acompañan el sacrificio del trabajo constante con modestia, tolerancia y rigor. Ser garantes de la disciplina y presencia de los militares en la vía pública, así como del adecuado funcionamiento técnico de los vehículos de la institución armada, los reta a saber de órdenes, números de serie, licencias de conducción, características de motores, frenos, baterías...

Viaje a los orígenes

 

Sustituir el sistema de patrullas locales existentes para que se correspondieran con el desarrollo de la estructura orgánica de las FAR, constituyó el motivo primordial de establecimiento de las Tropas de Prevención en la década de los ochenta.

 

La principal tarea de la nueva especialidad era influir en el mejoramiento de la conducta de los combatientes y la preservación del ejemplo de las FAR ante el pueblo, así como controlar la correcta explotación de sus automóviles.

 

Desde entonces, ingresar a estas fuerzas ha demandado un elevado nivel político cultural, y correctos hábitos de comportamiento social. Además, al recibir una intensa preparación previa, someten a prueba su voluntad, fortaleza física, psicológica y colectivista, a lo cual continúa una instrucción técnica y profesional, capacitados para ejercer sus funciones.

 

Caminos compartidos

 

Los soldados que nutren las filas de las Tropas de Prevención inician con un curso básico de preparación combativa, de cuatro semanas en el centro Quintín Bandera, donde se alistan para el cumplimiento de las tareas y comienzan a identificarse con la especialidad.

 

Allí reciben elementos básicos de tiro, táctica, procedimientos de enfrentamiento, combate cuerpo a cuerpo, conducción, ente otros, que los alistan metodológicamente para cumplir las tareas.

 

Al inicio los acompaña un oficial en la vía, hasta que ganen confianza en la aplicación de sus conocimientos. Durante este tiempo les enseñan su responsabilidad de prevenirlo todo. Por ello a cada misión le ponen precisión, fortaleza, claridad e ímpetu.

 

A los oficiales, por su parte, se les imparte un curso de jefes de patrulla, donde se instruyen sobre las condiciones de sus subordinados y compañeros en la vía pública. De esta manera, no le son ajenas las tareas ni su perfeccionamiento.

 

Así aprenden los rigores de las funciones en la carretera, las especificidades del actuar con los militares y civiles, las particularidades de las misiones y la correcta utilización de los medios especiales y armamento.

 

Con el paso de los años, las mujeres se han integrado a este quehacer y hoy salen a la calle en composición completa: jefes de patrullas, choferes y patrulleras, gracias al entrenamiento recibido.

 

Durante este tiempo, el ejemplo personal es un elemento muy importante, y los combatientes se caracterizan porque en el desarrollo de sus acciones los jefes son parte de estas y las cumplen junto a sus subordinados.

 

Empeños recientes

 

Con el fin de preservar el orden y la tranquilidad del pueblo frente a la compleja situación epidemiológica existente en la nación, hoy han sumado otra misión: velar por el estricto cumplimiento de las medidas establecidas y realizan además, un trabajo profiláctico a quienes aún muestran actitudes de indisciplina, falta de responsabilidad y mínima percepción de riesgo (exponiendo a muchas personas al contagio del virus SARS-CoV-2).

 

Entonces patrullan las calles, ocupan sitios concurridos y ayudan a mantener la disciplina establecida, para hacer cumplir las normativas emitidas por nuestros dirigentes, las cuales señalan como imprescindible el aislamiento social. Sobre todo en lugares donde existe demasiada concentración de personal.

 

El diálogo respetuoso y preventivo matiza sus labores. Ellos, frente a este panorama, no esperan otro reconocimiento que el de lograr el bienestar de la sociedad.

 

Cumplen al extremo las medidas de higiene y protección para preservar su salud y garantizar la tranquilidad ciudadana, porque saben muy bien que cuando se trata de la salud del pueblo, está prohibido bajar la guardia.

 

Realizar estas acciones ha demandado su preparación constante. Por ello antes de salir a la vía pública o a las delegaciones temporales se realiza la instrucción, para refrescar los conocimientos, pues cada servicio necesita recordar los reglamentos por los cuales controlan y regulan.

 

Su acción constituye una llamada al respeto del pueblo que los ha designado sus defensores, por ello puede verse su trabajo consolidado en todas las provincias, donde cumplen las misiones con responsabilidad y cuidado.

 

La cantidad de tareas a desarrollar dicen corresponderse con que la máxima dirección del país ve en ellos una tropa disciplinada, cohesionada, confiable, pues según surgen las misiones, estas se enfrentan sin descuidar un ápice de los elementos encomendados. La confianza se la han ganado con el trabajo diario.

  • Foto: Archivo de la Casa Editorial Verde Olivo

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