«El Encanto» de Fe del Valle

13 de Abril de 2025

Las ruinas de la exclusiva tienda El Encanto tras el sabotaje de la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos (CIA). Foto:Archivo Cubadebate.

 

  

13 abril de 1961 el incendio de la tienda habanera, el Encanto y con él, la muerte de Fe del Valle.

 

El humo es un asesino cáustico y feroz. De las llamas surgen sus bocanadas negras y avanza sigiloso y denso anegando todo a su paso. Ella lo sintió en la garganta como un nudo seco que le ahogaba los pulmones y el alma. Intentó encontrar aire más allá del polvo y aquel olor a madera quemada y plástico derretido, reponerse de la tos, pero era casi imposible. 

 

Ya hasta le dolía el pecho cuando sintió en la carne el calor asfixiante. El edificio ardía, parecía una brasa enorme, el fuego salía por los ventanales, las paredes agrietadas se caían a pedazos. Era el 13 de abril de 1961, la tienda habanera El Encanto sucumbía, y en su interior una mujer luchaba por respirar.

 

Algunos contarían después que la vieron afuera, que incluso había ayudado a otros a salir de aquel infierno, pero Fe del Valle Ramos, Lula, como la llamaban, volvió a entrar. Tuvo en ese instante un pensamiento veloz: el dinero que se guardaba allí para la creación de los círculos infantiles. ¿Cómo perder ese esfuerzo? Y no meditó, corrió a buscarlo.

 

Llegó hasta donde se lo permitió la furia del incendio. Ya no había vuelta atrás. Pensó regresar al quinto piso, pero la puerta de la escalera estaba bloqueada. ¡Cuántos pensamientos a la vez! Descubrir una escapatoria, deseos de viento, frescor en la piel, su esposo, sus dos hijos. Hacía apenas unos días le escribía una carta al que estudiaba en Checoslovaquia y le contaba sobre lo bueno de la Revolución: «Desde luego que todas esas maravillas no pueden conseguirse sin gran esfuerzo de parte del pueblo y así lo explicó bien el Che en una reciente comparecencia y en la cual dijo que esto es una lucha a muerte con nuestros enemigos y que tenemos que estar preparados para todo». 1

 

Una semana atrás estalló un petardo en el lugar, recibieron llamadas anónimas que amenazaban con poner más y ella misma, con un grupo de compañeros, revisaron cada lugar y estaban alertas. No obstante, dos petacas de explosivos camufladas en cajetillas de cigarro fueron colocadas en dos pisos distintos, y cuando explotaron desataron aquella tragedia. «¿Quién pudo haber hecho esto?», se repetía Lula casi consumida por el tizne y el vapor.

 

Fue Carlos González, trabajador del departamento de discos y miembro del grupo terrorista Movimiento de Recuperación del Pueblo; un cobarde, un triste ingenuo si pensó escapar de la justicia, pues fue apresado mientras aguardaba el rescate del Norte en una casa frente al mar en la habanera playa de Baracoa. Los culpables eran la Agencia Central de Inteligencia de Estados Unidos (CIA), los que no se conformaban con la derrota y les atormentaba que Cuba socialista se irguiera frente a sus propias narices. Ese, junto a otros ataques, sería la antesala de la invasión de mercenarios por Playa Girón.  

 

En las cercanías en la esquina de la calle Galiano, con San Rafael y San Miguel, unos miraban atónitos, otros trataban de ayudar, los bomberos lanzaban sus venas de agua, pero el fuego no cedía, y allí estaba ella, indefensa ante las llamas, la más pequeña de tres hermanos, la que sufrió la ausencia del padre que falleció meses antes de su nacimiento, la joven resuelta que desde los 17 años empezó a trabajar confeccionando sombreros, la bella dependiente de Fin de Siglo y después de El Encanto, donde incluso llegó a ser modelo, la colaboradora de la lucha contra la dictadura de Batista, la miliciana, la madre amorosa, la mujer insustituible para su familia.

 

Sus ojos lagrimearon hasta la última gota, pero más lloró su corazón en aquellos minutos finales de sofocación y heridas. Tenía solo 44 años. La encontraron días más tarde, calcinada en medio de la nube de escombros de lo que fue la mayor tienda del país.

 

Han pasado más de seis décadas de esa noche amarga, pero el tiempo no devora a cubanas con el coraje de Fe del Valle, con ese «encanto» que las hace patriotas y osadas en todo momento. Perduran en la memoria del pueblo su recuerdo, su convicción, y permanece también intacta la angustia por su muerte. Cuba no olvida, aún hoy el dolor se agita y retuerce, como mismo la columna de humo oscuro se crispaba rumbo al cielo aquel 13 abril de 1961.

 

Referencias

 

1-Dinella García Acosta y Rogelio Carmenate: «A las once nos vemos… La promesa de El Encanto», en Cubadebate, La Habana, 13 de abril de 2021.

 

  • Fe del Valle Ramos junto a sus hijos Robin y Erick Ravelo. Foto:Archivo Cubadebate.

  • Fe fue modelo de la tienda El Encanto. Foto: Granma / Cubadebate.

  • El incendio que redujo a escombros la tienda comenzó a las 7: 17 p.m. del 13 de abril de 1961. Foto:Archivo Cubadebate.

  • La fachada de la tienda, por la calle Galiano, deja ver los estragos del sabotaje. Foto: Archivo Cubadebate.

Comentarios

En este sitio no se admiten comentarios que violen, incumplan o inciten a romper legislaciones cubanas vigentes o atenten y dañen el prestigio de alguna personalidad o institución, así como tampoco aquellos que contengan frases obsenas, groseras o vulgares. Verde Olivo se reserva el derecho de no publicar los comentarios que incumplan con las normas antes expuestas.

To prevent automated spam submissions leave this field empty.
CAPTCHA
Esta pregunta es para probar si usted es o no una persona real e impedir el envío automatizado de mensajes basura.
CAPTCHA de imagen
Introduzca los caracteres que se muestran en la imágen.