Céspedes: de San Lorenzo al alma de la patria (III)
«Su hijo va recorriendo los cabellos que, al ser arrastrados,
han quedado con su sangre en las rocas.».
Su historia entre las rocas».
José Lezama Lima
(«Céspedes: el señorío fundador»)
Los españoles que el 27 de febrero de 1874 persiguen a Céspedes a través de los matorrales de San Lorenzo, tiran al aire y lo conminan a entregarse.
Sin detener la carrera, el expresidente se vuelve y dispara. Es un hombre de casi 55 años, fuerte aún, pero sometido a los rigores de la vida en campaña durante el último lustro. Además, su vista declina, se nubla a ratos. La distancia entre él y los enemigos disminuye sin remedio.
El sargento ibérico Felipe González Ferrer se encima al bayamés. Carlos Manuel percibe la cercanía del adversario, y oprime el gatillo del revólver por segunda vez. Yerra. El fusil del peninsular responde con fuego, prácticamente a quemarropa. Esa bala halla en su camino el corazón de Céspedes, quien, ya sin vida, cae por un barranco de más de seis metros de profundidad, hasta un reborde de la loma.
Los hispanos izan el cadáver, única baja del asalto, y lo llevan ante el jefe de la columna, que ha reunido en la explanada del caserío a los escasos prisioneros: en su mayoría, mujeres y niños. El dolor de Panchita, confirma involuntariamente a los españoles la identidad del occiso.
Entonces, los miembros del batallón Cazadores de San Quintín saquean la aldehuela —incluido el bohío del expresidente, cuyas pertenencias devienen botín de guerra—, incendian todo y, mientras las llamas reducen cada vivienda a cenizas, parten con el valioso muerto hacia Santiago de Cuba.
Alertados por las descargas de fusilería, llegan al sitio Carlitos, el prefecto Lacret Morlot y otros vecinos, cuando ya nada pueden hacer. El primogénito de Céspedes, descubre la huella de su padre en las rocas del abismo donde cayó: mechones de cabello, un jirón de la levita, tierra ensangrentada. Salva esas reliquias.
Dos días más tarde, el 1ro de marzo, el cuerpo del primer presidente de la isla se expone en el Hospital Civil de Santiago de Cuba. Muchos lo ven. Dicen que tiene los ojos grandes y abiertos, que sus facciones muestran una extraordinaria serenidad.
Leonidas Raquin, pseudónimo del agente secreto de Céspedes en esa ciudad –cuyo nombre real es Calixto Acosta Nariño–, refiere en carta a Ana de Quesada, viuda de Carlos Manuel, que a su esposo se le notaba «una herida en la tetilla derecha, el ojo del mismo lado muy amoratado y el cráneo hundido».
Al iniciador de las luchas de liberación en Cuba, lo sepultan en una fosa común de la necrópolis de Santa Ifigenia.
Cinco años después, durante la noche del 25 de marzo de 1879, bajo la lluvia y alumbrados por relámpagos, seis hombres que lidera Calixto Acosta Nariño exhuman en secreto los restos del cubano precursor, y los resguardan del olvido en un lugar seguro del camposanto.
Tras la independencia de España, se erige allí un panteón al Padre de la Patria, reunido hoy con Mariana, Martí y Fidel.
***
Cuando Céspedes rondaba los treinta años de edad y lo poseía todo, escribió un poema titulado «Mi deseo» que revela sus más hondas aspiraciones y parece describir el paisaje de San Lorenzo en dos de sus estrofas:
Un techo pobre, escondido,
dadme al pie de la colina
donde el viento en vano amague
y que allí el suave zumbido
de una colmena vecina
por la mañana me halague.
Un cristalino arroyuelo
de blancos lirios sembrado,
de una fuente pura brote
y salte en quebrado suelo
y bajando apresurado
las duras rocas azote.
Fuentes:
Leal Spengler, Eusebio: El diario perdido de Carlos Manuel de Céspedes. Ediciones Boloña. Colección Raíces. La Habana, 2018.
Acosta de Arriba, Rafael: Los silencios quebrados de San Lorenzo. Casa Editora Abril. La Habana, 2018.
Traba, Evelio: El camino de la desobediencia. Ediciones Boloña. Colección Raíces. La Habana, 2017.
Diccionario Enciclopédico de Historia Militar de Cuba. Primera parte (1510-1898). Tomo 2: Acciones combativas. San Lorenzo (pp. 293-294). Casa Editorial Verde Olivo. La Habana, 2014. Reimpresión, 2016.
Bianchi Ross, Ciro: Cómo murió Carlos Manuel de Céspedes. Juventud Rebelde, 8 y 15 de octubre de 2016.

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