Hacia dónde señala la nueva Estrategia de Defensa Nacional de EEUU. (II)

12 de Febrero de 2026

La nueva Estrategia de Defensa yanqui, otra herramienta de dominación. Fuente: Sitio web Departamento de Guerra de EEUU.

 

Washington modera el tono del discurso sobre China.

 

La segunda prioridad involucra a China. Probablemente conscientes de que por la fuerza poco lograrían con Beijing, se aprecia un cambio radical a la hora de abordar las relaciones bilaterales.

 

Si en la EDN de 2022, la nación asiática constituía la mayor amenaza para EE.UU. y se hablaba de que poseía los recursos y la voluntad de desafiar a Washington en cualquier campo, ahora se aboga por la coexistencia, por mantener la estabilidad estratégica y evitar la confrontación. Se trabajará, por ello, en fortalecer los nexos con el Ejército Popular de Liberación.

 

Ello no significa que EE.UU. no invertirá militarmente en la región Asia-Pacífico, pero lo hará para lograr un balance de fuerzas que le permita una capacidad de disuasión creíble e impida que no solo China, sino ningún país, le pretenda imponer condiciones. El objetivo será lograr una «paz decente» que satisfaga a todos y evite conflictos en una región clave por su creciente importancia económica y comercial.

 

No menos importante es la manera en que Washington pretende enfocar los asuntos de seguridad en otras regiones del mundo en los cuales apuesta por «compartir la carga» con aliados y socios —tercera prioridad— para poder centrarse en Asia-Pacífico y en sus propias fronteras.

 

Así, EE.UU. está obligándolos a asumir los esfuerzos militares principales en Europa, Medio Oriente y la Península de Corea donde, según Washington, Corea de Sur cuenta con el potencial necesario para disuadir a la RPDC. En esas regiones, los aliados contarán con un apoyo estadounidense decisivo, pero limitado.

 

Una conclusión y análisis necesario

Nada de lo que hemos resumido significa, sin embargo, que Washington abandonará una política guerrerista y expansionista, sobre la cual surgió y se desarrolló como país. No podemos ser ingenuos.

 

En el año precedente, bajo la Administración Trump, se aprobó el presupuesto de Defensa más grande que se haya presentado en la historia de EE. UU., cercano al billón de dólares.

 

Para este año, el magnate presidente ha adelantado que incrementará de manera significativa esa cifra, cuya cantidad de ceros a la derecha resulta difícil de escribir, pero mucho más difícil de justificar, si de veras quieren abandonar el intervencionismo que tanto critican de otras administraciones.

 

Un dato que avala esta afirmación: en menos de un año de mandato, el presidente que sueña con el Nobel de la Paz ordenó atacar miliarmente a siete naciones de Medio Oriente, África y América Latina. Iraq, Somalia, Yemen, Irán, Siria, Nigeria y Venezuela fueron las naciones agredidas, en lo que probablemente constituya récord de ataques en un año para cualquier administración norteamericana.

 

En ninguno de los siete casos EE. UU. actuó mandatado por la ONU o autorizado por el Congreso de su país. Quizás haya que remitirse a Hitler y la Alemania nazi, para encontrar algún punto de comparación. Trump y sus funcionarios principales se han burlado una y otra vez de la ONU y del orden internacional basado en reglas y esta es la prueba más evidente. Seguirán haciéndolo para mal de la humanidad.

 

Parece probable que esas acciones bélicas —limitadas en el tiempo y en la envergadura de fuerzas, pero basadas en un poderío militar significativo, para conseguir los objetivos en el menor tiempo posible— constituyan el ejemplo más reciente de lo que la EDN 2026 denomina como «guerras necesarias».

 

Esta pudiera ser la manera en que los nuevos halcones en Washington traten a corto plazo de imponer la paz mediante la fuerza. Esto, mientras terminan de reconfigurar una estructura de fuerzas y alcanzar un desarrollo militar que para mediados de la próxima década debería de ponerlos en condiciones de enfrentarse a sus principales adversarios.

 

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