Los traidores atizan el fuego, los valientes se preparan. (I)

04 de Febrero de 2026

Las redes sociales siguen apoyando las mentiras y la subversión contra Cuba.Fuente: Sitio web Diario Escambray.

 

La injustificada agresión militar contra Venezuela, en violación de leyes y normas internacionales, que condujo al secuestro del presidente Nicolás Maduro y su esposa Cilia Flores, y que causó la muerte de unas 100 personas, incluidos 32 valiosos combatientes cubanos, ha propiciado que nuevamente en el Sur de la Florida y en Washington comiencen los cálculos y vaticinios sobre el futuro de Cuba.

 

Los hacen aquellos que no tienen derecho alguno, porque decidieron un día abandonarla a su suerte y emigrar, en vez de trabajar para hacerla mejor. Otros ni siquiera nacieron en tierra mambisa, pero se atribuyen derechos dudosamente ganados en su «lucha por la libertad de Cuba». Esto explica, quizás, esos cálculos erróneos, llenos de omisiones, mentiras y manipulaciones oportunistas, que desconocen o ignoran a conciencia la realidad de la patria en que nacieron ellos o sus padres.

 

Desde el Gobierno de EEUU, tanto su Presidente como su Secretario de Estado, cuyos nombres no hace falta mencionar, pues los cubanos los conocemos bien, han retomado las amenazas y ultimátums para que nuestras autoridades abandonen sus cargos y se haga una «transición política», so pena de verse expuestos a un destino similar a lo que aconteció en Venezuela.

 

Esto significa atacar a una nación soberana solo porque ha decidido seguir un proyecto político y social que difiere de los mandatos de Washington. Significa iniciar una guerra solo porque en esta isla, desde 1959, el futuro lo deciden el pueblo y sus autoridades, sin aceptar presiones e imposiciones desde el exterior, porque acá la Doctrina Monroe y el Corolario Trump ni valen ni atemorizan a nadie.

 

Dicen que ahora «le toca» a Cuba

Desde el mismo 3 de enero, apenas consumado el crimen contra Venezuela, el que teóricamente preside EEUU ha realizado declaraciones que hablan lo mismo de bombardear a Cuba que de esperar a que se «caiga sola». De esas y de otras declaraciones recientes nos quedamos con aquellas en las que admitió tácitamente el valor de los combatientes cubanos caídos en desigual combate en Venezuela y la capacidad de resistencia del pueblo cubano, cuando admitió que «ya no sabían qué hacer con Cuba».

 

Esta última frase no es una más; probablemente inconsciente de su significado, el aspirante al desacreditado Nobel de la Paz admitió el fracaso de décadas de bloqueo, amenazas, chantajes contra el país hasta llegar a decir que con Cuba solo queda «entrar y bombardear».

 

La campaña mediática se refuerza contra el país

Los medios de prensa afines a ese entramado anticubano y otros de la llamada gran prensa publican declaraciones de presuntos funcionarios estadounidenses y fríos análisis de «expertos» en el tema Cuba. Manejan y anuncian variantes que pueden emplearse para terminar con la Revolución cubana, pues aprecian que está en un momento de vulnerabilidad, tras los acontecimientos recientes, que pueden agravar las consecuencias de un bloqueo atroz de más de 60 años.

 

Las redes sociales, cuidadosamente manipuladas desde Washington para reducir el alcance del mensaje de los cubanos de Cuba, nos traen de igual manera criterios, amenazas. Según estas, ya están al Norte del país los buques que nos traerán la libertad; no importa —admiten algunos que no pondrán nunca un pie por acá, y que nunca hicieron nada para «cambiar el régimen” mientras aquí vivían— si hay muertos civiles o hay que destruir el país. Todo vale en su empeño de ver a esta isla destruida por las bombas norteamericanas.

 

Clave en esta retórica anticubana ha sido el papel del Encargado de Negocios de la embajada estadounidense en Cuba.

 

Desde que asumió el cargo, en noviembre de 2024, el rol de Mike Hammer se ha parecido mucho al de James Cason, otro que en iguales funciones se especializó a inicios de siglo, infructuosamente, en tratar de movilizar y articular a una contrarrevolución interna que, como hoy, estaba desacreditada, sin apoyo popular y respondía no a los intereses del pueblo, sino a los de sus empleadores. En fin, nada que ver con lo que se supone haga un diplomático en el país ante el que se ha acreditado.

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