Departamento de Guerra de EEUU deja al descubierto sus carencias frente a potenciales adversarios. (I)
En un mundo donde crece la competencia estratégica con potencias como China y Rusia, el presupuesto de defensa de Estados Unidos (EEUU) ha alcanzado niveles sin precedentes, consolidándose como el pilar fundamental de su política exterior y su seguridad nacional.
Durante los dos últimos años fiscales (2024-2025), el gasto militar estadounidense se ha acercado a la barrera de los 850 mil millones de dólares anuales, reflejando un esfuerzo sostenido por modernizar sus fuerzas armadas y disuadir «amenazas emergentes». Este incremento, que revela las prioridades militares estratégicas de Washington, también deja al descubierto sus carencias a la hora de enfrentar amenazas en materia de defensa antiaérea y antimisiles.
Esa cifra se acerca al billón de dólares si sumamos lo que se destina al tema de las armas nucleares, que se canaliza a través del Departamento de Energía, en otra partida presupuestaria.
El presupuesto de defensa de EEUU para el año fiscal 2024 se situó en unos 842 mil millones de dólares, una cifra que se mantuvo prácticamente estática en 2025, debido a la aprobación de una resolución de continuidad, recurso al que debe apelar el Congreso para que no se paralice por falta de presupuesto cualquier departamento, al no ponerse de acuerdo los legisladores y no aprobar el presupuesto enviado por el Presidente, a principios de cada año.
Esta resolución tiene como desventaja que los fondos que se autorizan son similares a los del año precedente, lo que obliga a los departamentos a realizar ajustes no previstos, al no asignárseles el dinero que estaban solicitando.
La distribución de los recursos revela que la Marina de Guerra y el Cuerpo de Infantería de Marina consolidaron su posición como una de los servicios armados con mayor asignación, con casi 255 mil millones en 2025, representando el 30.3 por ciento del presupuesto total, con el objetivo de buscar la casi imposible superioridad naval en el Indo-Pacífico frente a China.
Cifras similares recibieron el Departamento de la Fuerza Aérea (que incluye la Fuerza Espacial), con unos 257 mil millones de dólares (30.5 por ciento), mientras que el Ejército recibió 185.6 mil millones (22 por ciento), lo que refleja una reducción con respecto a años precedentes, pero que explica en gran medida la manera en que EEUU concibe el empleo de sus fuerzas armadas en la actualidad, donde prioriza las campañas lideradas por la Fuerza Aérea y la Marina.
Tendencias de Desarrollo de Armamentos por Servicio Armado
Cuando analizamos de qué manera los servicios armados invierten el presupuesto, se entienden las amenazas que prevén enfrentar y el tipo de combate para el que se preparan.
Por ejemplo, el Ejército se encuentra en una transformación estructural denominada «Army 2030», en la que ha priorizado la activación de unidades especializadas para la llamada guerra «multidominio», de moda en la actualidad porque contempla el combate no solo en tierra, aire y mar, sino en el espacio y ciberespacio. Otras fuerzas armadas del mundo aplican criterios semejantes y cuentan con avanzadas capacidades en los cinco dominios mencionados.
El Ejército ha ido activando nuevos batallones de Defensa Antiaérea de Corto Alcance (M-SHORAD, por sus siglas en inglés) y de Capacidad de Protección contra Fuegos Indirectos (IFPC, también por sus siglas en inglés), diseñados para contrarrestar la creciente amenaza de drones y misiles, a partir de experiencias propias que incluyen la guerra en Ucrania, el conflicto entre Israel e Irán de 2025 y la agresión que junto a Israel inició nuevamente EEUU contra la nación persa, en febrero último.
De manera paralela, el Ejército está reduciendo el tamaño de las brigadas de infantería tradicionales en favor de los «Grupos de Combate de Brigadas Móviles» más ligeros, con mayor autonomía y tecnológicamente avanzados, un cambio que también impacta a la Guardia Nacional. A este tema en particular dedicamos un artículo en esta sección.
Un servicio armado que en años anteriores apoyó las operaciones terrestres de EEUU, como la Infantería de Marina, también se encuentra en plena transformación, basada en el concepto «Force Design 2030», para dotarse de una estructura más ligera y letal para operar en entornos insulares.
Esto explica que el servicio armado haya renunciado a los tanques M-1 «Abrams» y otro armamento pesado, con los que podía emprender o apoyar operaciones terrestres, como hizo en la invasión a Iraq en 2003, en favor de un armamento más ligero, como las nuevas baterías de misiles y ha invertido en capacidades de reconocimiento marítimo, para mejorar el dominio de la situación en el Indo-Pacífico.
La infantería de Marina contempla prepararse para la ocupación temporal de islas, desde las cuales realizar la exploración de las fuerzas armadas adversarias, pero también apoyar operaciones marítimas, para lo cual se está dotando de capacidades coheteriles antibuque, lo que resulta una novedad.
Tanto la Fuerza Aérea como la Marina trabajan para adquirir nuevos medios de combate y dotarse de armamento hipersónico, en lo cual marchan a la saga, en comparación con China, Rusia e Irán que ya lo poseen. Hasta el momento, solo el Ejército de EEUU ha logrado desarrollar y poner a prueba un misil hipersónico, que se integrará a las Fuerzas de Tarea Multidominio, ya mencionadas.
La Fuerza Aérea apuesta por sistemas no tripulados estratégicos y tácticos, incluido los drones de bajo costo, a la par que se prepara para recibir los bombarderos B-21, con capacidad nuclear, y que deben sustituir en algún momento a los B-2. En desarrollo está también el caza F-47 de sexta generación, al cual también dedicamos un espacio hace unos meses.

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