Félix Pita Rodríguez: la bestia negra del vanguardismo cubano
«No sé si con palabras, pero sé que está escrito».
Félix Pita Rodríguez
Reconocido con el Premio Nacional de Literatura en 1985 y la Orden Félix Varela, el escritor cubanoFélix Pita Rodríguez transitó por la literatura cubana del siglo XX con una obra inclasificableentre poesía, cuento, teatro, radio y televisión, periodismo…Fue esa, quizás, una de las razones por las cuales el estudio de sustextoshaya permanecido a ratos en zonas de penumbras a diferencia de algunos de sus contemporáneos.
Desandar el camino de regreso a su obra supone una tarea compleja. Las líneas entre los géneros que defendió se confunden y entrelazan. Su obra estuvo definida por «la circunstancia vivida o soñada» según señala el poeta e investigador Juan Nicolás Padrón; y es innegable la fuerza que pegó el vanguardismo, no solo a su trabajo, sino a su vida toda.
La bestia negra del vanguardismo cubano —como solía llamarlo con admiraciónel escritor español Rafael Suárez— nació el 18 de febrero de 1909enel pueblo de Bejucal.Allí realizó sus primeros estudios en la escuela pública, y es conocido que desde muy jovencomenzó a colaborar en las principales publicaciones donde se expresó el vanguardismo cubano, como la Revista de Avance, Social, Atuei y el suplemento literario del Diario de la Marina.Muy pronto emprendería una vida de viajes que marcó indeleblemente su sensibilidad creadora.
En 1926 viajó por México yVenezuela movido por un espíritu aventurero que también lo llevaría a Europa. A partir de 1929 residió en París, donde entró en contacto directo con las principales figuras del surrealismo. Visitó Italia, España y Marruecos, experiencias que nutrieron tanto su poesía como su prosa.
Pero fue en 1937, durante la guerra civil española, que integró la delegación cubana al II Congreso de Intelectuales para la Defensa de la Cultura, junto a Juan Marinello, Alejo Carpentier y Nicolás Guillén.Este evento confrontó al escritor con el drama del fascismo y la solidaridad intelectual. Permaneció en Europa hasta 1939, trabajando como jefe de redacción del diario La voz de Madrid en París.
Al año siguiente regresó a Cuba, y de vuelta en La Habana asumió la dirección del magazine dominical del periódico Noticias de Hoy, órgano del Partido Socialista Popular,hasta 1943. Allí se desarrolló como periodista a la vez que ejercía como como autor radial, labor —esta última— por la que fue elegido por la Asociación de la Crónica Radial e Impresa como el mejor autor dramático. Al año siguiente estrenó su obra teatral El relevo.
Es necesario comentar que en 1946 obtuvo el prestigioso Premio Internacional Hernández Catá con su relato Cosme y Damián, lo que confirmó su madurez narrativa. Durante estos años publicó algunos de sus libros más significativos: San Abul de Montecallado (1945), Corcel de fuego (1948) y Tobías (1955). La crítica saludó estos textos con admiración. Entre 1949 y 1959 trabajó como autor de radio y televisión en Buenos Aires y Caracas, prolongando así su exilio voluntario de la isla.
Tras el triunfo revolucionario, Pita Rodríguez regresó definitivamente a Cuba y desplegó una prolífica labor intelectual. Fue vicepresidente de la Unión Nacional de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) y presidente de su Sección de Literatura, además de integrar jurados de concursos nacionales e internacionales como el Premio Casa de las Américas.
De este tiempo nacieron títulos esenciales: Las crónicas. Poesía bajo consigna (1961), Las Noches (1964), Historia tan natural (1971) y Tarot de la poesía (1976). También desplegó una intensa labor como traductor y dedicó parte de su tiempo a la difusión de la literatura vietnamita, donde la poesía y el testimonio se funden en una escritura profundamenteética.
Para 1985 recibió el Premio Nacional de Literatura, máximo reconocimiento a una obra que abarcaba más de cinco décadas. Al año siguiente obtuvo el Premio de la Crítica por De sueños y memorias. Le fueron conferidas además la Distinción por la Cultura Nacional y la Orden Félix Varela.
La obra de Félix Pita Rodríguez se sostiene sobre la interesante paradoja de seruno de los escritores cubanos más relevantes de su tiempo y a la vez una figura que ha permanecido en los márgenes del canon, quizás por el carácter huidizo de su obra a las clasificaciones o por la dispersión de sus ediciones. Es, quizás, la singularidad de su escritura —cercana al surrealismo en sus años jóvenes, pero siempre atravesada por un profundo humanismo— la que lo sitúa como una de las voces más originales de su generación.
Murió en La Habana el 19 de octubre de 1990, a los ochenta y un años. Sus cuentos y poemas esperan aún la relectura que los sitúe en el lugar que merecen dentro de la tradición literaria cubana.

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