EEUU, Israel y un muy peligroso error de cálculo con Irán. (I)
Más de dos semanas han transcurrido desde que Estados Unidos e Israel, en una operación conjunta de gran envergadura, lanzaron una agresión militar contra Irán, con el objetivo declarado de neutralizar su programa nuclear y desmantelar su infraestructura militar, así como forzar el manido «cambio de régimen».
La operación «Epic Fury»comenzó el 28 de febrero pasado con el bombardeo y asesinato de los principales líderes iraníes y el ataque a instalaciones estratégicas, partiendo del presupuesto de que propiciaría el colapso del Gobierno.
La realidad ha sido muy diferente. Lejos de rendirse, Irán está dando una respuesta calculada y contundente que ha destruido las bases estadounidenses en el Medio Oriente y el territorio israelí, y ha convertido esa operación en un costoso conflicto de desgaste.
El error de cálculo y la respuesta asimétrica
La idea que giró en torno a la campaña inicial de EE. UU e Israel resultó un fiasco: pensar que un ataque demoledor provocaría el colapso inmediato del gobierno iraní hasta hacerlo rendirse ha sido una grave muestra de subestimación de las capacidades y de la historia de una nación milenaria, acostumbrada a combatir y resistir.
Mientras los agresores se han dedicado a destruir la infraestructura nuclear,puestos de mando, el complejo militar industrial iraní, la nación persaha respondido con una estrategia de resistencia y de guerra asimétrica.
Esta incluye, además de sus nada despreciables capacidades militares convencionales, el apoyo de grupos irregulares y milicias aliadas de Iraq, Líbano y Yemen, que se han unido en la respuesta al ente imperialista y sionista.
La respuesta iraní no se hizo esperar, pero en lugar de un ataque desarticulado, Irán ha lanzado más de 50 oleadas de misiles balísticos y drones contra Israel y otras regiones del Medio Oriente, causando daños de relevancia en infraestructuras como el complejo de refinerías de Haifa, bases militares, centros de mando.
A ello hay que sumar algo que quizás no se veía desde la Segunda Guerra Mundial, al menos en esa magnitud. Las fuerzas iraníes han atacado unas 17 instalaciones estadounidenses en toda la región, enclavadas en países como Bahréin, Kuwait, Emiratos Árabes Unidos, Jordania y Catar.
No han sido ataques a la desesperada. Se trata de una estrategia que obligó a EE. UU a evacuar a todo su personal militar y el equipamiento de la región, y que sistemáticamente, desde el primer día de la guerra, ha golpeado centros de gravedad de las FFAA estadounidenses, como instalaciones de comunicaciones, radares de alerta temprana, sistemas de defensa antiaérea y aviones de reabastecimiento.
Se ha confirmado que al menos un sistema antiaéreo para la defensa contra cohetes a gran altura THAAD (Terminal High Altitude Area Defense) en Jordania, ha quedado inutilizado, mientras que cinco aviones de reabastecimiento aéreo KC-135,rebasificados en la base Príncipe Sultán en Arabia Saudita, fueron también golpeados, lo que limita la proyección del poderío aéreo estadounidense.
Las FFAA iraníes eran conscientes de que el enfrentamiento con EE. UU e Israel no podía ser de igual a igual. No podrían derrotar a los agresores de manera convencional, pero sí están en condiciones de infligirles costos que hagan que una eventual victoria, si se logra, sea pírrica.
Pocos países podrían enfrentar de manera simétrica una agresión israelí o estadounidense. Por tanto, se imponía una guerra de desgaste, prolongada, en varios frentes. Irán lo entendió desde siempre y se preparó para ello, a juzgar por lo que está sucediendo.

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