Sara González: su nombre es pueblo (I)

12 de Julio de 2025

Sara González. Cubadebate

Dulce y fuerte a la vez, verdadera siempre, la voz de Sara González es patrimonio de los cubanos.

 

Lo mismo si hilvana un son, pone música a versos, estruja corazones recreando boleros, disfruta la picardía de una guaracha, o estremece plazas colmadas de gente que le escuchan a capella: «A los héroes se les recuerda sin llanto».

 

Sara ofreció el alma en todo lo que hizo.

 

Hay varias fotos suyas con Fidel en las que se percibe cariño recíproco. Sintonía obvia entre la Gorda y el Comandante: seres de una sensibilidad sin dobleces.

 

«La menina de la Nueva Trova», como la bautizara su gran amigo Noel Nicola, trovador raigal, espíritu gemelo, vino al mundo el 13 de julio de 1951, en Marianao. Hija de una costurera y un tabaquero, de quienes heredó el sentido de la justicia, la cubanía, el humor y su pasión por el baile, la música, el beisbol, los dulces, el dominó.

 

Cuando niña, adolescente, joven, la Gorda era delgadita, rubia. Ya entonces sus ojos azules retaban al horizonte. Durante esa época, estudió guitarra con Rafael Enrizo Nené. Y en 1966, apenas cumplidos los 15 años, ingresó al Conservatorio Amadeo Roldán, a descifrar los secretos de la viola. Luego, en la Escuela Nacional de Instructores de Arte, fue alumna de guitarra de maestros de la talla de Vicente González Rubiera Guyún y Leopoldina Núñez.

 

Uno de los poetas y trovadores esenciales de Cuba, Silvio Rodríguez, cuenta que conoció a Sara una tarde de 1971 en Casa de las Américas. Alguien le dijo que entre las estudiantes que asistían al concierto, había una muchachita que era un fenómeno cantando «La era». Él se acercó al grupo de adolescentes uniformadas. La claridad y potencia de aquella voz lo impresionaron tanto que, poco después, propuso a la joven grabar «Antesala de un tupamaro», tema recién creado para la serie televisiva de aventuras «Los comandos del silencio», y recomendó su incorporación al Grupo de Experimentación Sonora del ICAIC.

 

Frank Fernández, ese extraordinario pianista, compositor, pedagogo, arreglista y productor musical nuestro, supo de Sara en el Conservatorio Amadeo Roldán. Años más tarde, retornado Frank de una beca de cinco años en el Conservatorio Tchaikovsky de Moscú, pidió a la talentosa integrante del Grupo de Experimentación Sonora que compusiera «La victoria», como parte de una trilogía de canciones que narrarían la hazaña de Playa Girón, al conmemorarse un aniversario de la batalla. Esa obra de Sara tiene reservado un sitio en lo más íntimo de la memoria sonora y emotiva de esta isla. Conmueve desde su primera estrofa:

 

«Cuando cambia el rojo color del cielo

por el blanco color de palomas,

se oyen las campanas de los hombres

que levantan sus sonrisas de las lomas».

 

Fuentes consultadas

 

Autores varios: Sara González. Una explosiva ternura. Centro Cultural Pablo de la TorrienteBrau. Colección A guitarra limpia. La Habana, 2016.

Ecured: Sara González.

 

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