Un canto para los invasores

04 de Noviembre de 2022

Enrique Loynaz del Castillo escribió, en fusión absoluta de arte y patriotismo, los versos del glorioso Himno Invasor. Foto: Archivo de la Casa Editorial Verde Olivo

La columna bajo el mando del general Antonio Maceo,  marchaba por los campos camagüeyanos cuando se detuvo en una hacienda que las avanzadas habían descubierto.  Para muchos veteranos de la Guerra de los Diez Años el lugar era todo un símbolo. Se trataba de la finca La Matilde propiedad de José Ramón Simoni, padre de Amalia, el gran amor de Ignacio Agramonte Loynaz.

 

Ya en el lugar, uno de los soldados nota versos ofensivos escritos en la hoja de una ventana, y de ello surge la idea que culmina con el nacimiento del glorioso Himno Invasor. Era 15 de noviembre de 1895.

 

En ese momento se le solicitó al comandante camagüeyano Enrique Loynaz del Castillo su composición, y de él, sensible y exaltado, comenzó a brotar el verbo cortante como filo de machete.

 

Maceo, luego de escucharlo, dio la orden de musicalizarlo y hacer de aquellos versos el himno de combate que acompañaría a la columna invasora. De esta forma quedó grabado por siempre y entonado en la contienda en momentos de combate. Bajo sus  vibrantes notas se luchó, murió y triunfó.

 

Sería el propio Loynaz del Castillo quien describiría en una conferencia dedicada a la Sociedad de Artes y Letras Cubanas, con lugar en los salones de la Benemérita Casa de Maternidad y Beneficencia, el momento en el que surgió: “Sobre la otra hoja de la misma ventana, pinté la adorada bandera de Cuba, y bajo su glorioso palio escribí esos versos, que me esfuerzo en recordar con la exactitud posible a casi medio siglo de distancia”.

 

Aquel joven de 25 años de edad, convertido más tarde en general del Ejército Libertador, le dio a las fuerzas mambisas y a su patria la música del también llamado “Himno del pueblo”. Rechazó siempre las sugerencias de inscribir la obra a su nombre en el registro de la propiedad intelectual, expresando que le pertenecía a la Isla. Estas letras, que tuvieron la misión histórica de unir las generaciones del 68 y del 95, representaron la bravura, el desafío y la intrepidez de los que cayeron luchando por la libertad de Cuba.

 

Así quedaron los versos que impulsaron a nuestras tropas hacia la libertad:

 

¡A las Villas valientes cubanos:
A Occidente nos manda el deber
De la Patria a arrojar los tiranos
¡A la carga: a morir o vencer!

 

De Martí la memoria adorada
nuestras vidas ofrenda al honor
y nos guía la fúlgida espada
de Maceo, el Caudillo Invasor.

 

Alzó Gómez su acero de gloria,
y trazada la ruta triunfal,
cada marcha será una victoria:
la victoria del Bien sobre el Mal.

 

¡Orientales heroicos, al frente:
Camagüey legendaria avanzad:
¡Villareños de honor, a Occidente,
por la Patria, por la Libertad!

 

De la guerra la antorcha sublime
en pavesas convierta el hogar;
porque Cuba se acaba, o redime,
incendiada de un mar a otro mar.

 

A la carga escuadrones volemos,
Que a degüello el clarín ordenó,
los machetes furiosos alcemos,
¡Muera el vil que a la Patria ultrajó!

 

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