Esteban Montejo: «Con un machete me basta» (I)

16 de Marzo de 2026

Esteban Montejo. Foto: Ecured

 

Algo tiene Cuba,la mayor de las Antillas surgidas de la espuma del mar Caribe, que siembra en los pechos de quienes nacen en su suelo, o lo habitan, semillas de pertenencia, rebeldía, decoro, audacia.

 

Mucho antes de fraguarse la nacionalidad cubana—enjundiosa mezcla, ajiaco incomparable—, caciques indígenas como Guamá y Hatuey —venido desde la vecina isla de Santo Domingo—ya plantaban cara en nuestra geografía a los colonizadore sibéricos.

 

Y a inicios del siglo XIX, el poeta santiaguero José María Heredia se sentía cubano,a pesar de que entonces aún se llamaban «criollos» a los oriundos de esta tierra, y él, proscrito por las autoridades españolas, se había visto forzado a pasar la mayor parte de su breve existencia allende los mares.

 

José Martí, desterrado por sus ideas independentistas, mostró cuánto se puede hacer por la patria si se la lleva consigo a otros la resen las tibias honduras del alma.

 

Seres de culturas disímiles de la nuestra, como los culíes chinos llegados a Cuba a partir de 1847, combatieron valerosamente en las filas mambisas por la libertad de su hogar adoptivo.

 

Y la estirpe africana—traída desde orillas opuestas del Atlántico para ser explotada como mano de obra cautiva— brindó un aporte fundamental a las luchas emancipadoras.Desafiando el silbido de las balas enemigas,guerreros de piel negra cargaron al machete en oleadas que inundaban los campos insurrectos.

 

Al menos uno entre esos soldados de ébano, Esteban Montejo,se había rebelado contra el dominio de España antes que empezara la guerra.Era un cimarrón—esclavo fugitivo—huido del barracón de un ingenio azucarero situado al norte de la entonces provincia de Las Villas, a cuya dotación pertenecía. Durante años, vagó por el monte solo, hambriento, semidesnudo, pero libre.

 

La historia de este hombre pudo haberse perdido como la de tantos héroes anónimos. Mas el azar intervino para que sus pasos se cruzaran con los de un poeta y etnólogo de 23 años nombrado Miguel Barnet.

 

Transcurría el año de 1963, cuando apareció en la prensa cubana una página dedicada a ancianos de ambos sexos que rebasaban los cien años de edad.Entre todas las personas longevas entrevistadas, al joven Barnet le interesaron las declaraciones de un hombre de 105 años que hablaba de la esclavitud, de la Guerra de Independencia y de su experiencia como cimarrón. Era Esteban Montejo.

 

Poco después, el poeta recorrió en guagua «la Calzada más bien enorme de Jesús del Monte» hacia el barrio de La Víbora, donde se hallaba Hogar del Veterano, residencia de Montejo. Fue el primero de muchísimos viajes que redundaron en conversaciones de hasta cinco y seis horas continuas.

 

A veces, la cinta magnetofónica de una añeja grabadora Tesla que pesaba veinte o treinta libras, recogía el discurso del anciano. Otras, Barnet anotaba sus palabras con una caligrafía rápida, en revesada, que a él mismo le costaba entender.

 

Montejo ofrecía su versión sobre el ambiente social en los barracones de esclavos, el cultivo de la caña, la producción de azúcar, las religiones de origen africano—ritos, dioses, adivinación, fiestas, comidas, bebidas—, la vida célibe de cimarrón en el monte, los recursos que empleaba para subsistir —cómo cazaba, hacía fuego, recolectaba plantas comestibles, se guarecía en cuevas—, y su participación en la guerra de independencia de 1895.

 

Al cabo de tres años de plática, escritura y verificación de fechas y datos en archivos, bibliografía y testimonios de otros testigos de la época, el 28 de febrero de 1966 —hace 60 años y unos días—salió de imprenta la edición príncipe de «Biografía de un cimarrón», publicada por el Instituto de Etnología y Folklore de la Academia de Ciencias de Cuba. Un tomito de carátula morada, rústica.

 

«Aquí está el libro que habla de su vida», dijo Barnet mientras entregaba a Montejo uno de los primeros ejemplares. «Pero seguro que ahí no está todo», respondió Esteban.

 

Por supuesto que no estaba todo. La existencia humana no cabe en las páginas de un libro. Pero en esa síntesis no faltaba algo tan importante como una imagen cercana de nuestras guerras de independencia, y lasremembranzas de aquel veterano rebelde y patriota sobre emblemáticas figuras históricas: Máximo Gómez, Antonio Maceo y Quintín Banderas.

 

Referencias, Notas o Fuentes consultadas

Fuente consultada:

  1. Barnet, Miguel: Biografía de un cimarrón. Editorial Letras Cubanas. Biblioteca del Pueblo. La Habana, 2023.

Comentarios

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