El terrorismo contra Cuba se fragua en suelo estadounidense. (I)
No, no estamos leyendo un artículo de archivo de los sesenta o de los setenta del siglo pasado o analizando un hecho de ese período. Estamos viviendo ya la tercera década del siglo XXI, solo que algunos en el Sur de la Florida no se enteran; se empeñan en revivir en décadas pasadas, en retomar historias de terror contra esta isla, en la que lanchas piratas procedentes de EEUU aterraban nuestras costas y causaban daño, destrucción y, sobre todo, mucho dolor entre nuestras familias.
Ya sabe el lector que hablamos del incidente del 25 de febrero último, en el que diez terroristas de origen cubano, entrenados, equipados y procedentes de suelo estadounidense intentaron una infiltración por el Norte de Corralillo, provincia de Villa Clara. Venían para sembrar nuevamente dolor y tristeza en el pueblo cubano, en nombre de una libertad y una democracia falsas, que suenan más a anexionismo y traición que a patriotismo.
La respuesta de nuestro pueblo, personificado en nuestras Tropas Guardafronteras y otras fuerzas del Minint fue absoluta, decisiva y más que todo, aleccionadora: no nos parecemos a nadie, no nos tomarán por sorpresa.
En Cuba tendrán que combatir contra un pueblo que hace años entendió del ejemplo de Fidel y de Raúl que la mejor manera de evitar una guerra es estar preparado para librarla y ganarla. Diez fueron los terroristas que lo intentaron, diez fueron neutralizados. ¡Lo estamos haciendo!
Para seguir a tono con el discurso anticubano, falso y manipulador, medios de prensa internacionales y los libelos de la contrarrevolución se apuraron a manipular los hechos. Por eso hablan de una lancha civil, de un presunto intento de venir a sacar a familiares, lo que resulta igualmente una violación de las propias leyes estadounidenses, una de ellas recientemente ratificada por el presidente Donald Trump, que prohíbe, desde 1996, la entrada de embarcaciones y medios aéreos a nuestro país.
Ya aflora la verdad. Armas automáticas, fusiles de francotirador, cocteles molotov, chalecos antibalas y odio, mucho odio a la tierra en que nacieron. Basta leer algunas de las publicaciones en redes sociales de los terroristas involucrados, y de otros que, quizás más astutos o más cobardes, no se involucraron en este esfuerzo subversivo, desestabilizador, aunque también se entrenaban para actos de ese tipo.
Si los terroristas hubiesen tenido éxito en su intento de entrar al país y realizar sabotajes, atentados y demás crímenes, estos se habrían presentado ante el mundo como actos legítimos contra el gobierno cubano realizados por los que acá vivimos. Se emplearían para seguir tejiendo esa matriz de opinión que busca desmoralizar a nuestros líderes y negarles el reconocimiento que a golpe de esfuerzo y ejemplo se han ganado en tantos años.
Clave en ese acto de manipulación han sido por años los representantes del lobby anticubano de Florida, los mismos que estimulan esos crímenes y callan a pesar de las múltiples denuncias y pruebas presentadas por nuestras autoridades.
Ya han comenzado a mentir sobre los hechos recientes y se apuran a exigir a su presidente medidas enérgicas contra Cuba. Oportunistas, como siempre, aprovechan la circunstancia para rogar que se reviertan decisiones de la actual Administración por flexibilizar el criminal cerco energético contra Cuba, tras la eliminación de los aranceles a terceros países que vendan petróleo al país y autorizar la importación del combustible al sector no estatal cubano.
Se han apresurado incluso a equiparar el incidente con el que ocurrió hace 30 años, cuando dos avionetas de la organización contrarrevolucionaria «Hermanos al Rescate» fueron neutralizadas, tras violar en reiteradas ocasiones nuestro espacio aéreo y poner en peligro la vida de cientos de pasajeros de aerolíneas civiles, ignorando las numerosas alertas de nuestras autoridades.
Nada de esto es casual, ni los actos de terrorismo contra Cuba ni las campañas que tratan de legitimarlos. Detrás de esto hay planes, manuales, estrategias de subversión y hostigamiento. Detrás de esto está la campaña de Guerra No Convencional que se aplica a nuestro país y que tiene un componente de violencia, como ha quedado demostrado.

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