EEUU, Irán y Cuba, consecuencias de decisiones basadas en la mentira. (I)
Febrero de 2026 pasará a la historia como el mes en que EE. UU. se lanzó sin red a una agresión contra Irán, donde quedaron expuestas sus limitaciones bélicas y políticas, más allá de la retórica triunfalista de su presidente, que ha desatado un conflicto de imprevisibles consecuencias en el Medio Oriente, bajo la influencia de su nefasto amigo, el premier israelí Benjamín Netanyahu.
Lo que este vendió a Trump como una operación quirúrgica para frenar el programa nuclear iraní y lograr el soñado «cambio de régimen», derivó rápidamente en un desastre estratégico: el cierre del estrecho de Ormuz, el encarecimiento del petróleo y, sobre todo, la no consecución de los objetivos planteados al comienzo de la agresión.
Detrás de esta decisión se encuentra una Casa Blanca atrapada en su propia dinámica de intereses particulares y miedo, así como un mandatario que prefirió escuchar a Netanyahu, antes que a sus propios asesores militares y de inteligencia.
La mentira como política de Estado para justificar agresiones militares
Decisiones caóticas, basadas en mentiras y apreciaciones erróneas, que unidas al ego infinito de Trump, que creyó pasaría a la Historia por doblegar a una nación con un pasado épico, han desatado una guerra en Medio Oriente, región de la que Washington por lo general ha salido con más dudas que certezas, en cuanto a objetivos estratégicos conseguidos.
Así lo contó el diario estadounidense The New York Times, en un extenso artículo, el 8 de abril pasado1, citando fuentes anónimas que se consultaron para la edición de un libro sobre este segundo mandato de Donald Trump.
El diario revela desde diferencias de criterios entre los miembros del gabinete estadounidense, hasta la cobardía de estos, que probablemente por temor a perder el cargo, se alinearon con los planes belicistas de Trump y Netanyahu, incluso sabiendo que el desastre era cuestión de tiempo y que la guerra tendría un efecto negativo para el pueblo al que dicen representar.
Teniendo en cuenta su primer mandato, a sus asesores y allegados de turno les ha quedado claro lo que implica ir a la contraria a Trump, que se comporta no como un estadista, sino como un magnate caprichoso que no acepta negativas, pues sería una sentencia de despido.
Desde el inicio de su segundo mandato (2025-2029), Trump ha rodeado su gabinete de leales que priorizan su permanencia en el cargo por encima del interés nacional. Debió ser eso precisamente lo que silenció a los consejeros que advertían contra una aventura militar en Irán.
Así se fabricó esta segunda agresión militar contra Irán
Según el Times, Netanyahu viajó a Washington a inicios de febrero de 2026 con un mensaje que pudiéramos resumir de la siguiente manera: «Irán es fácil».
El primer ministro israelí aseguró que una campaña de bombardeos sostenidos, combinada con ataques cibernéticos, provocaría el colapso del régimen de los ayatolás y facilitaría un cambio de gobierno en cuestión de semanas. Trump, fascinado por la idea de un triunfo rápido que acallara las críticas por su gestión en otros frentes, adoptó el plan como propio.
Netanyahu y sus asesores llegaron al extremo, siempre según el rotativo estadounidense, de informar a Trump sobre los nuevos líderes potenciales de un gobierno iraní que asumirían la dirección del país, el «día después» de que hubiesen derrocado a los ayatolás.
Para Israel, la victoria era un hecho, acabarían con el programa nuclear de Irán, al que le sería imposible cerrar el estrecho de Ormuz y los riesgos de que Teherán ripostase contra bases e intereses estadounidenses en la región «eran mínimos».
Los que han seguido el desarrollo del conflicto saben que ninguno de esos objetivos se ha cumplido, tras más de cinco semanas de ataques. Tampoco ha habido, hasta el momento, la rebelión interna de la población que debía seguir a los bombardeos sobre la nación persa.
Referencias
1https://www.nytimes.com/es/2026/04/08/espanol/estados-unidos/trump-iran-...

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