Zenea: ¿el patriota infame?

25 de Agosto de 2025

Juan Clemente Zenea perdura como figura capital de la segunda etapa del romanticismo en la poesía cubana.Foto: Cubaperiodistas

 

Pocos minutos antes del amanecer del 25 de agosto de 1871, el Foso de los Laureles de la Fortaleza de La Cabaña fue testigo de un nuevo crimen. Esta vez acontece el asesinato del poeta cubano Juan Clemente Zenea, víctima del odio colonialista contra todo lo auténticamente cubano.

 

Los fusiles españoles apuntaron hacia el hombre que fue puente entre dos etapas esenciales de la poesía cubana y entre dos corrientes políticas abiertamente opuestas: anexionismo e independentismo. Y así cayó en aquella mañana habanera: abatido y despreciado por unos y otros.

 

Pasaría algún tiempo antes de que pudiera conocerse que las causas imputadas eran ciertas (conspiración contra el régimen colonial), pero que los rumores de las circunstancias de su último viaje a Cuba (supuesta traición a Céspedes e intenciones anexionistas), no fueron más que una trama urdida entre la intolerancia colonial y la desinformación.

 

Durante muchos años la figura de Zenea ha cargado con el estigma de falso patriota. ¿Qué sucedió en realidad en aquella expedición? ¿Cuál de las misiones encomendadas en suelo americano estaba dispuesto a cumplir y cuál no? La historia responde por él.

 

Zenea nació en 1832 en la ciudad de Bayamo, y en su infancia se trasladó a La Habana. Formado en el colegio de José de la Luz y Caballero —en el que más adelante ejercería como docente— desarrolló una brillante carrera como periodista, poeta y traductor.

 

Sus primeras composiciones poéticas aparecen en el diario La Prensapara 1846, donde tres años más tarde llegaría a redactor. Sin embargo, mucho antes, un folletín de su autoría en esta publicación, provocaría la excomunión por parte del Obispado. Por mediación de su padre —oficial español— no llegaría a concretarse la medida, pero el joven poeta no estaba dispuesto a renunciar a sus inquietudes literarias ni a sus ideas anticolonialistas. Es así que asumió varios seudónimos para proteger su identidad y continuó creando.

 

Su creciente vinculación con publicaciones y movimientos contrarios al gobierno español lo obligaron a exiliarse en Estados Unidos en 1852, bajo amenaza de ejecución.Una inesperada amnistía general dos años después le permitió regresar a Cuba y continuar con su labor intelectual sin despegarse de sus románticos ideales nacionalistas.

 

Poco tiempo antes del estallido independentista de 1868, volvió a Estados Unidos e intentó en varias ocasiones incluirse en alguna expedición de apoyo a la República en Armas. Interés que le valió la propuesta que marcaría para siempre su destino. Nicolás Azcárate, amigo abogado y también periodista, le encargó—en nombre del embajador español en aquel país—la misión de contactar a la máxima dirección de la guerra para ofrecer el cese de la contienda a cambio de autonomía.

 

Zenea no imaginaría que aceptar tal ofrecimiento con el fin de conseguir su anhelado viaje a Cuba bajo un salvoconducto español que lo libraría de sospechas, sería aceptar su condena de muerte y,aún peor, oscurecer su nombre e ideales.

 

Las consecuencias fueron inmediatas: tras su encuentro con Carlos Manuel de Céspedes en 1870 —del que se sospecha fluyó el entendimiento y la confianza—, fue apresado en la región oriental cuando intentaba salir de Cuba junto a Ana de Quesada, esposa del alto jefe mambí. Se le incautaron documentos y dinero para la compra de armas; y luego de ocho meses fue sentenciado a muerte.

 

A partir de entonces, el capitán general Blas Villate, condede Valmaseda, que había convertido al poeta en objetivo personal, y otras fuerzas que operaban a la sombra, desataron una maquinaria de calumnias que generaron malentendidos en el seno de la emigración, desprecio de los cubanos independentistas y odio de los españoles.

 

La verdad emergería gracias a las propias palabras de Céspedes:«en el corto tiempo que estuvo cerca del Gobierno, no hizo más que acreditarnos su decisión e interés por la independencia de Cuba»1. Pero transcurrirían décadas antes de que Martí pudiera revindicar la figura de Zenea y librar su sombra de la culpa. Un siglo más tarde, en 1977,documentos exhumados por el investigador Raúl Rodríguez La O en el Archivo Nacional de Madrid, corroboraron, una vez más, su lealtad independentista.

 

A la luz del análisis del origenista Cintio Vitier2sobre tales documentos, los registros judiciales no evidenciaron que Zenea revelara información estratégica sobre las fuerzas insurrectas o los planes independentistas.Rodríguez La O sostiene que el poeta actuó como agente independentista, aunque sin coordinación formal con el aparato mambí, de ahí los malentendidos; y reconoce los invaluables aportes de Vitierpara el esclarecimiento del caso: «El escritor recalcó, sobre todo, la necesidad de rescatar la total validez del juicio de Martí sobre Zenea. Él decía que, si se había ganado tener hospedaje en el corazón del Apóstol, también debía tenerlo en el de todos los cubanos».3

 

En su celda, horas antes de la ejecución, Juan Clemente Zenea escribió «A una golondrina», poema que alude a su destino inminente: «No busques volando inquieta, / mi tumba oscura y secreta. / Golondrina ¿no lo ves? / En la tumba del poeta / no hay un sauce ni un ciprés».4

 

Así fue como aquella triste mañana del verano de 1871, el autor de «Nocturno» y «Fidelia» —emblemas del romanticismo cubano— murió como vivió: altivo y negado a arrodillarse ante el pelotón.

 

Referencias:

  1. Carta de Carlos Manuel de Céspedes a Miguel Aldama el 16 de febrero de 1871.
  2. «Rescate de Zenea», 1986: investigación de CintioVitier sobre el fusilamiento del poeta Juan Clemente Zenea y las circunstancias de su encarcelamiento.
  3. Entrevista a Raúl Rodríguez La O en 2021: «Malo por buena causa» a cargo de Eduardo Grenier.
  4. Juan Clemente Zenea. «A una golondrina», 1871.

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