Medicina que salva vidas y almas
La determinación del Comandante en Jefe Fidel Castro de implementar la colaboración médica cubana en diferentes países, fue una de las acciones más humanistas y solidarias que el líder histórico de la Revolución cubana y su pueblo han legado a la humanidad.
La asistencia sanitaria constituye un pilar fundamental de la política exterior de la isla caribeña, extendiéndose a casi todos los rincones del mundo. A lo largo de décadas, miles de profesionales cubanos de la Salud han brindado su apoyo en situaciones de desastre, emergencias médicas y diversos programas sanitarios, ganándose el reconocimiento y el respeto de comunidades y gobiernos, así como de organismos e instituciones internacionales.
Una vocación de servicio excepcional ha llevado a médicos, enfermeras y técnicos cubanos a trabajar en zonas lejanas y de difícil acceso, enfrentando desafíos y superando numerosos obstáculos, ofreciendo atención médica de calidad sin distinción de raza, religión o ideología.
Un íconode esa altruista labor es el Contingente Internacional de Médicos Especializados en Situaciones de Desastre y Graves Epidemias «Henry Reeve», creado en 2005 por el Comandante en Jefe, tras el azote del huracán Katrina en el sur de Estados Unidos. El contingente nació con el objetivo de asistir de manera inmediata y gratuita al pueblo de Nueva Orleans; sin embargo, la ayuda fue rechazada por la administración de George W. Bush.
Este contingente, integrado inicialmente por 10 000 profesionales, se multiplicó en decenas de brigadas.Su trabajo, durante los últimos 20 años, ha sido fundamental en la lucha contra el Ébola en África occidental, la pandemia de la COVID-19 en varios países y otras crisis sanitarias a nivel global.
A pesar de toda su valiosa contribución a la salud de los pueblos, esta forma de cooperación también ha sido objeto de campañas calumniosas de descrédito, especialmente por parte del gobierno norteamericano.
Washington ha articulado un programa subversivo contra este esquema de ayuda, acusándolo de ser una forma de explotación y de violar los derechos humanos de los profesionales cubanos de la Salud. Estas acusaciones han sido rechazadas por el Gobierno de la isla caribeña y por numerosas personalidades y líderes mundiales.
Pero, ¿qué tienen las brigadas médicas cubanas que molestan tanto al gobierno de Estados Unidos? ¿Qué mueve el ataque, indudablemente quirúrgico, contra la Salud Pública cubana y, en particular, contra la exportación de servicios médicos?
No hay dudas de que la campaña desesperada por bloquear la cooperación tiene dos propósitos claros: cerrar cualquier vía de acceso de ingresos al país, hasta en una actividad tan noble y necesaria para otras naciones como son los servicios de Salud; y la otra razón es política e ideológica, porque quieren barrer con el ejemplo de Cuba.
Desde mayo de 1963 en Argelia, fecha que marca el inicio oficial de la colaboración médica cubana en el mundo, hasta la actualidad, más de 600 mil cooperantes han brindado sus servicios en 165 naciones. En estos momentos, más de 24 mil colaboradores se encuentran en 56 países, ofreciendo su humanismo y solidaridad.
La obra de la medicina cubana genera orgullo y gratitud. Es la obra de un líder profundamente humanista como el Comandante en Jefe Fidel Castro, quien la calificó como un ejemplo genuino de solidaridad.
«Permítanme soñar», pidió Fidel cuando, con la mira puesta en quienes nada material tienen, concibió la idea de fundar la Escuela Latinoamericana de Medicina (ELAM), una realidad que sigue siendo uno de los tesoros más preciados de la colaboración médica cubana con el mundo.
El líder de la Revolución cubana expresó el día de su inauguración, el 15 de noviembre de 1999: «Más que médicos serán celosos guardianes de lo más preciado del ser humano, apóstoles y creadores de un mundo más humano».
Esa premisa es la que siempre han defendido las brigadas médicas cubanas en todo el mundo, que salvan vidas y el alma de cada persona que han atendido en cualquier lugar del mundo.

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