Martí, Fidel y el sueño integracionista
El pensamiento de José Martí es clave para entender los procesos que vive hoy América Latina,y comprender muchos problemas del mundo, por lo que constituye un puente entre el latinoamericano y universal del siglo XIX estrechamente relacionado con el XX y XXI. Su proyecto de independencia para Cuba y Puerto Rico no está desligado de otro mayor: la unidad y la integración latinoamericana.
Los desafíos de la región en la actualidad siguen siendo, en buena medida, aquellos que conoció y avizoró el prócer independentista cubano: la tarea pendiente de completar el desarrollo económico, social, cultural y ambientalmente sostenible de nuestras repúblicas americanas.
En Cuba, Martí encontró en Fidel Castro a su mejor discípulo. Narró la periodista Marta Rojas, Premio Nacional de Periodismo José Martí, que fue una orden, no una casualidad, que Fidel Castro fuera fotografiado ante un afiche de José Martí en el Vivac de Santiago de Cuba, luego del Asalto al Cuartel Moncada. Esa es una emblemática imagen que ha recorrido no solo los libros de historia, sino la vida de los cubanos.
Luego, durante su alegato de defensa en el juicio por los sucesos del 26 de julio de 1953, el joven abogado expresó: «Traigo en el corazón las doctrinas del Maestro».
Fidel fue el mejor discípulo de Martí, y el legado del líder histórico de la Revolución cubana nos invita a reflexionar acerca de la vigencia de las ideas martianas en el pensamiento de Fidel, cómo su conocimiento del proyecto revolucionario de Martí le permitió comprender la realidad cubana y del mundo, y elaborar su propio programa de lucha.
Fidel, con su palabra y obra, nos fue enseñando toda la dimensión humana, ética, política, ideológica, militar, patriótica, americanista, internacionalista y antiimperialista de José Martí. Fidel fue martiano en su comportamiento cotidiano, y tomó del Maestro su doctrina del humanismo.
En el libro «Cien horas con Fidel», entrevistado por el intelectual Ignacio Ramonet, el Comandante en Jefe se describe como «socialista, marxista, leninista, pero primero fui martiano».
La unidad es la palabra clave del mensaje de Martí, y como luego lo hizo Fidel, llamó al internacionalismo, a la solidaridad, a la amistad entre los pueblos: «¡Los árboles se han de poner en fila, para que no pase el gigante de las siete leguas! Es la hora del recuento y de la marcha unida».
A lo largo de los siglos, desde la publicación de «Nuestra América», se ha ido edificando el sueño de un continente unido e integrado. «La Segunda Declaración de La Habana» demostró que era posible crear una sociedad distinta al modelo capitalista ante las propias narices de Estados Unidos. Esos dos emblemáticos textos sintetizan la evolución del proyecto emancipador elaborado por José Martí en el siglo XIX.
En la actual coyuntura regional, para resistir y enfrentar los apetitos desenfrenados del poder hegemónico imperial ─decidido a apoderarse del continente─ los pueblos latinoamericanos deben cimentar su unión en torno a valores e intereses comunes para poder preservar la independencia, la soberanía y la identidad de América Latina.
Como nos enseñó Martí y como nos inculcó Fidel, solo la alianza de todas las fuerzas progresistas permitirá establecer un plan de integración regional, basado en la solidaridad, la reciprocidad, la justicia social, la preservación de la cultura y la paz.

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