Guerra Chiquita: la rebelión frustrada
Un año y medio después del Pacto del Zanjón, que puso fin a la Guerra de los Diez Años, estalló en Cuba un nuevo levantamiento conocido como Guerra Chiquita.Su breve duración—solo 14 meses— no se corresponde con su importancia estratégica: este evento fue el puente entre el fracaso independentista de 1878 y la guerra final de 1895.
Las razones, de sobra conocidas, fueron el descontento con los resultados de la pasada contienda, el control militar español, la negativa de autonomía y la persecución a veteranos como Antonio Maceo, forzado al exilio. En Oriente, la insatisfacción crecía entre los campesinos que sufrían hambre tras la reconcentración española durante la Guerra Grande.
Así las cosas, el 24 de agosto de 1879, fuerzas cubanas reanudaron las acciones armadas contra España.Belisario Grave de Peralta inició el primer alzamiento cerca de Holguín con 200 hombres. Sin embargo,la acción principal ocurrió dos días después:en Santiago de Cuba Guillermo Moncada, José Maceo y Quintín Banderase unieron a la rebelión con 400 combatientes.En semanas posteriores ocurrieron importantes levantamientos focalizados en Oriente y Centro. Aunque las redes conspirativas se extendían por toda la isla, las detenciones de José Martí, Juan Gualberto Gómez y otros organizadores desarticularon la direccióndel movimiento. Sin coordinación occidental y con líderes clave presos, la insurrección quedó aislada y confinada al oriente del país.
Desde un principio la dirección de la guerra recayó en Calixto Garcíaen el exilio, y en vez de enviar a Antonio Maceo —temiendo que su presencia en Cuba alimentara la propaganda española sobre una «guerra de razas»— optó por Gregorio Benítez, quien no logró cumplir con las misiones indicadas.
Cuando el jefe máximo de la guerra desembarcó en la isla, el 7 de mayo de 1880, encontró una rebelión desarticulada por bloqueos españoles y escasez de armas. Durante aquellos meses de combates dispersos miles de cubanos se sumaron a la lucha según registros coloniales. Pero la fragmentación operativa y la superioridad logística española determinaron rendiciones escalonadas que concluyeron el 3 de diciembre de 1880.
El conflicto no alcanzó carácter nacional, pero sí demostró dos realidades. Por una parte, el rechazo cubano a la solución autonomista dentro del colonialismo y, más relevante aún, la necesidad de unidad y apoyo de la emigración para futuros intentos armados.
Estas experiencias, analizadas posteriormente por José Martí en extensa revisión deerrores y fracasos—tanto de esta contienda como de la Guerra Grande—sirvieron para comprender que la guerra no era únicamente un asunto cuantitativo de hombres y armas, también se trataba de un procedimiento político, y como tal las acciones y el uso del armamento debían estar precedidos y en correspondencia con una determinada política. Idea que le permitió al Apóstol arribar al concepto —inédito hasta ese momento en el pensamiento militar universal— de que el vehículo idóneo para organizar una guerra era un partido político. Y tal fue la génesis del Partido Revolucionario Cubano y del resto de acciones estratégicas que Martí desarrollaría en la etapa de preparación de la que llamó la Guerra Necesaria.
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