La hazaña científica de Carlos J. Finlay

19 de Agosto de 2025

Carlos J. Finlay. Centro para el desarrollo informático de la Salud (CeDiSap)

  

Quizás uno de los mayores desaciertos del Instituto Karolinska, —prestigioso centro universitario de ciencias médicas ubicado en Solna, Estocolmo, Suecia, cuya asamblea otorga cada año el Premio Nobel de Medicina—, haya sido no conceder tal galardón al cubano Carlos Juan Finlay Barrés, propuesto en varias ocasiones para recibirlo entre 1905 y 1915, por eminentes investigadores europeos, incluidos dos ganadores del Premio Nobel.

 

Nuestro científico poseía méritos suficientes. No solo explicó y demostró en la práctica la transmisión de enfermedades epidémicas por vectores biológicos, sino que, en el caso específico de la fiebre amarilla, identificó a la hembra del mosquito Aedes Aegypti como el agente que inocula en personas sanas el virus presente en la sangre de contagiados.

 

Ahora ese es un hecho aceptado que no asombra a nadie, pero a fines del siglo XIX e inicios del siglo XX, no pocos hombres de ciencia se mostraban incrédulos ante la teoría del cubano.

 

El descubrimiento de Finlay, además de salvar infinitud de vidas y de guiar a la ciencia a través de senderos inexplorados hasta entonces, resultó crucial para el transporte, la economía y el comercio globales, pues una obra gigantesca como el Canal de Panamá, por ejemplo, únicamente pudo terminarse gracias a recomendaciones del médico cubano para controlar plagas de mosquitos transmisores de malaria o fiebre amarilla, epidemias que, junto con el cólera, diezmaban las filas de decenas de miles de braceros constructores del canal.

 

Precisamente la propagación del cólera en La Habana también fue objeto de investigaciones de Finlay. Él reveló que aquellas infecciones masivas se debían a las aguas contaminadas de la Zanja Real. Asimismo, hizo significativos aportes al diagnóstico y cura del tétanos, estudió el muermo, describió el primer caso de filaria en sangre conocido en América, abordó múltiples teorías científicas, y practicó la oftalmología, especialidad de su padre. La Real Academia de Ciencias Médicas, Físicas y Naturales de La Habana lo nombró Miembro de Mérito, y el primer gobierno de la isla, Jefe Superior de Sanidad.

 

Ciencia aparte, al sabio cubano lo apasionaba el ajedrez. Estuvo entre los fundadores del famoso Club de Ajedrez de La Habana, conocido como El Dorado del Ajedrez, sede de varios campeonatos mundiales. Algunos análisis suyos sobre partidas célebres se publicaron en revistas especializadas.

 

Este hombre de saberes renacentistas, nació el 3 de diciembre de 1833 en la villa de Santa María del Puerto del Príncipe, actual Camagüey. Hijo del doctor inglés Edward Finlay y de Marie de Barrés, descendiente de franceses y oriunda de Trinidad y Tobago. Su infancia transcurrió entre La Habana y el cafetal de su padre en Alquízar.

 

A los 11 años, fue enviado a completar su educación en Francia e Inglaterra. Y a los 17, ingresó en el Jefferson Medical College, de Filadelfia, Estados Unidos, donde se doctoró en 1855 con 21 años. Revalidaría su título de médico en la Universidad de La Habana, en 1857. Y más tarde, de 1859 a 1861, continuó estudios en Francia.

 

Su fecunda existencia concluyó en La Habana, a los 81 años, el 19 de agosto de 1915, sin haber recibido el Premio Nobel, pero sí otros homenajes y, sobre todo, la gratitud universal. En memoria de Finlay, cada 3 de diciembre, fecha de su nacimiento, se celebra el Día de la Medicina Latinoamericana. Allá los catedráticos del Instituto Karolinska. Allá el Premio Nobel. Ellos se lo perdieron. Los nacidos en esta isla sentimos el orgullo de saberlo nuestro.

 

Fuentes:

  1. Carlos J. Finlay: defensor de la ciencia y la humanidad. Aplicación multimedia creada por el Centro para el desarrollo informático de la Salud (CeDiSap). La Habana, 2003. Mediateca de la Biblioteca Nacional José Martí.
  2. Ecured: Carlos J. Finlay.

 

Comentarios

En este sitio no se admiten comentarios que violen, incumplan o inciten a romper legislaciones cubanas vigentes o atenten y dañen el prestigio de alguna personalidad o institución, así como tampoco aquellos que contengan frases obsenas, groseras o vulgares. Verde Olivo se reserva el derecho de no publicar los comentarios que incumplan con las normas antes expuestas.

To prevent automated spam submissions leave this field empty.
CAPTCHA
Esta pregunta es para probar si usted es o no una persona real e impedir el envío automatizado de mensajes basura.
CAPTCHA de imagen
Introduzca los caracteres que se muestran en la imágen.