El cantor de nuestra libertad: José María Heredia

31 de Diciembre de 2025

Obra del artista de la plástica Mario Gallardo. Foto: BNJM

 

 

Su infancia transcurrió entre Pensacola, Florida; Santo Domingo, República Dominicana y Caracas, Venezuela, en correspondencia con los cargos que ocupara el padre se dice que el hogar fue su escuela.

 

Hijo de un hombre ilustrado, aprendió con él las primeras letras: a los tres años sabía leer y escribir, ya los ocho traducía del latín. Estudió en las Universidades de Caracas y La Habana, época en la que escribió sus primeros poemas y hacia 1819, sus primeras obras teatrales. Viajó a México, donde continuó estudios y comenzó a colaborar con publicaciones periódicas. En La Habana obtuvo el grado de bachiller en Leyes y en 1823, recibió el título de abogado en la Audiencia de Puerto Príncipe.

 

De regreso a Matanzas, fue denunciado por conspirar contra España; pero logró embarcarsehacia Estados Unidos.De ahí, se trasladó a México, donde laboró en la Secretaría de Estado y el Despacho de Relaciones Interiores y Exteriores; a la par, editó o colaboró con diversas publicaciones. Realizó también una abundante labor como traductor.

 

En abril de 1836, enfermo ya de tuberculosis —mal que lo llevaría a la muerte—, escribió al capitán general Miguel Tacónuna carta en la que se retractaba de sus ideales revolucionarios y solicitaba permiso para visitar a su madre. Estuvo en La Habana a finales de ese año e inicios del siguiente, rechazado poramigos y conocidos, que, sin embargo, convivían con el régimen colonial.«¡Mucho han de perdonar los que en ella pueden vivir a los que saben morir sin ella!».1Apesadumbrado y enfermo regresó a Veracruz, donde fue empleado como simple redactor del Diario del Gobierno.

 

José María Heredia, quien murió con solo 36 años de edad (7 de mayo de 1839), vivió la mayor parte de su vida fuera de su Patria; pero no dejó de sentirse cubano y de añorar su terruño. Entre sus poemas, que han sido traducidos a diversos idiomas, destacan la «Oda Al Niágara», «En el teocalli de Cholula», «A la estrella de Venus»y el «Himno del desterrado».

 

En la «Oda al Niágara» se funden la admiración por el paisaje majestuoso, el dolor por el destierro y la añoranza de su tierra; aunque emocionado por la belleza del entorno, piensa en las palmas: Mas ¿qué en ti busca mi anhelante vista / con inútil afán? ¿Por qué no miro / alrededor de tu caverna inmensa / las palmas, ¡ay!, las palmas deliciosas […]?En «Libertad» rebasa los límites de su tiempo con palabras que tienen plena vigencia: ¿Nunca los hombres vivirán hermanos? / ¿Los crímenes ¡oh Dios! y los tiranos / Han de durar mientras que dure el mundo? // No, fieros opresores; vanamente / Queréis ver quebrantado / El gran resorte de la humana mente.

 

Sin embargo, es en el «Himno del desterrado», donde se agolpan esos sentimientos e ideas: el dolor por el destierro: La opresión me amenaza con muerte / En los campos do al mundo nací; la exhortación a la lucha por la independencia: Vale más a la espada enemiga / Presentar el impávido pecho, / Que yacer de dolor en un lecho, / Y mil muertes muriendo sufrir; y la certeza de que Cuba alcanzará su libertad: ¡Cuba! al fin te verás libre y pura[…] // Aunque viles traidores le sirvan, / Del tirano es inútil la saña, / Que no en vano entre Cuba y España / Tiende inmenso sus olas el mar.

 

«[…] nuestro Heredia no tiene que temer del tiempo: su poesía perdura, grandiosa y eminente […] como aquellas pirámides antiguas que imperan en la divina soledad, irguiendo sobre el polvo del amasijo desmoronado sus piedras colosales».2Por eso, ha sido considerado el iniciador del Romanticismo en Hispanoamérica y uno de los poetas más importantes de la lengua española; pero para nosotros es el primer cantor de nuestra libertad.

 

Referencias

1 José Martí: «Heredia», en El Economista Americano, julio de 1888, en Obras escogidas, t. II, Editorial de Ciencias Sociales, La Habana, 1992, p. 228.

 

  • Casa natal del poeta en Santiago de Cuba. Foto: periódico Sierra Maestra

  • En el borde canadiense de las Cataratas del Niágara hay una placa dedicada al cubano José María Heredia. Foto: Cubaminrex

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