El aula rebelde del Morro: donde el Che sembró la letra junto al fusil

12 de Enero de 2026

Aula que funcionaba en el castillo del Morro creada por el Che para la alfabetización de los Combatientes. Foto: Archivo del PHMMC.

 

A mediados de enero de 1959, por iniciativa del comandante Ernesto Che Guevara, se creó en el Castillo de los Tres Reyes del Morro un aula para alfabetizar a los combatientes rebeldes acantonados en La Cabaña, dando inicio a un proyecto educativo que integraría cultura, conciencia y revolución.

 

La Habana, enero de 1959. El eco de los últimos disparos de la guerra aún resonaba en las piedras centenarias del Castillo de los Tres Reyes del Morro. Mientras la ciudad celebraba el triunfo, dentro de las murallas que por siglos defendieron La Habana de corsarios y armadas, comenzaba una batalla distinta, más silenciosa pero igual de revolucionaria. No se libraría con balas, sino con lápices y cuadernos. En una de sus salas, el comandante Ernesto Guevara de la Serna —el Che— ordenó crear una de las primeras escuelas de alfabetización del Ejército Rebelde.

 

Recién llegado a La Cabaña al frente de la columna «Ciro Redondo», el Che vio en sus combatientes —muchos de ellos jóvenes campesinos y obreros— el futuro de la Revolución. Un futuro que no podía construirse sobre el analfabetismo. Testimonios como el de María Mercedes Sánchez Dotres Carmencita, quien integró su columna en la Sierra Maestra, revelan que este interés era antiguo. «En la Sierra, a mí el Che me dio como tarea ejercer el magisterio», relata. Le encomendó alfabetizar a combatientes como Cristino Naranjo y atender a familias. La educación no era un adorno para después de la guerra; era un pilar de la lucha misma.

 

El aula en la fortaleza

Así, en enero de 1959, mientras organizaba la seguridad de la capital desde La Cabaña, el Che destinó un espacio en el cercano Morro para que combatientes como aquellos que describió la pedagoga María Teresa Sánchez Arrieta —quien empezó a trabajar allí el 12 de enero— recibieran clases. No fue una instrucción cualquiera. Para los que tenían mayor nivel, el Che orientó un currículum integral: historia, geografía, economía cubana, realidad latinoamericana y coyuntura internacional. Junto a la mecánica y la balística, se estudiaba civismo. Era la semilla de lo que él llamaría después la formación del «hombre nuevo»: un ciudadano consciente, técnicamente competente y humanísticamente culto.

 

La visión educativa del Che: más allá del alfabeto

Para el Che, la educación bajo el capitalismo era un instrumento de dominación que «educa a la gente en el sistema». En contraste, su proyecto socialista veía en la educación un proceso liberador, integral y descolonizador. «No debemos crear asalariados dóciles al pensamiento oficial ni ‹becarios› que vivan al amparo del presupuesto», escribió en El Socialismo y el Hombre en Cuba. Su meta era «la educación técnica e ideológica», donde el arte, el pensamiento crítico y la conciencia social fueran interdependientes.

 

En La Cabaña, esto se tradujo en exposiciones de arte (como la del grabador mexicano Arturo García Bustos), conciertos de pianistas como Zenaida Manfugás, obras de teatro, proyección de películas y hasta la creación de un combo musical ministerial. Prohibió las peleas de gallos y promovió el ajedrez y el deporte. La alegría y la cultura, sostenía, no estaban reñidas con la seriedad revolucionaria.

 

Un legado tangible: visitar La Cabaña

Hoy, los muros de la Fortaleza de San Carlos de la Cabaña guardan el eco de aquellos días fundacionales. Quienes visiten el Centro Cultural «Casa del Che» y su Comandancia restaurada, en el corazón del Parque Histórico Militar Morro-Cabaña, podrán acercarse a esta historia a través de fotografías y documentos originales que capturan la intensa labor del Guerrillero Heroico durante 1959.

 

Allí, entre las bóvedas de la fortaleza que habían sido prisión y cuartel, se respira el espíritu de aquel líder que, entre la disciplina militar y la vigilancia de la naciente revolución, encontraba tiempo para convertir un antiguo salón del cercano Morro en un aula vibrante. Era el hombre que, con gestos pausados, convencía a los rebeldes de cambiar el fusil por el lápiz; que prohibía las peleas de gallos para promover el ajedrez y el deporte; y que llenaba los patios de La Cabaña con los acordes de pianistas, las obras de teatro y las exposiciones de grabadores mexicanos.

 

Un hombre que creía, desde su experiencia en la Sierra, que la verdadera revolución no solo cambiaba estructuras, sino conciencias, y que esa transformación empezaba con la primera letra aprendida en un aula improvisada, bajo la sombra de un morro que, por primera vez, no apuntaba sus cañones al enemigo, sino que abría sus salas al conocimiento.

 

Invita a descubrir este capítulo íntimo y profundo de nuestra historia. La Cabaña espera, no solo como un monumento de piedra, sino como un testimonio vivo de cómo la educación y la cultura fueron, desde el primer día, armas esenciales de la Revolución.

 

Referencia Bibliográfica

González, Froilán y CUPULL, Adys. Che entre nosotros. Edición ampliada y corregida. La Habana: Editorial José Martí, 2018

Morfa Lima, Osvaldo. Historia de una fortaleza en tres tiempos. La Habana: Parque Histórico Militar Morro-Cabaña, 2025. 220 p.

Archivo del Parque Histórico Militar Morro-Cabaña (PHMMC). Fondo: Comandancia del Che.

  • Desde un balcón del Morro el Che se dirige a un grupo de oficiales graduados de las aulas del Morro.Foto: Archivo del PHMMC.

     

  • Desde un balcón del Morro el Che se dirige a un grupo de oficiales graduados de las aulas del Morro.Foto: Archivo del PHMMC.

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