La frágil existencia de la imparcialidad

14 de Abril de 2026

La prepotencia imperial se estrelló una vez más contra la voluntad de resistencia de una nación como Irán.Fuente: Sitio web del diario español “El Mundo”.

 

En medio de uno de los momentos más brutales de la masacre israelí contra el pueblo palestino, circuló un memorando interno de la jefatura editorial de The New York Times donde instruía a sus periodistas restringir el uso de los términos como «genocidio» y «limpieza étnica» ,al mismo tiempo orientaba evitar la frase «territorio ocupado» al describir lo que pasaba en la zona de conflicto.

 

El texto lo publicó la revista digital estadounidense sin fines de lucro TheIntercept, gracias a que reporteros del diario neoyorquino se lo pasaron anónimamente a la publicación denunciante, pues creían que el periódico estaba haciendo todo lo posible para ceder ante la narrativa de guerra de Israel y no estaba aplicando estándares uniformes en su cobertura.

 

En otras palabras, emitir normas para garantizar la calidad editorial puede venir acompañada de otras intenciones como se aprecia en el ejemplo de marras donde subyace un velado interés político.

 

Esa suerte de «maquillaje» en la construcción cotidiana de la noticia muestra la fragilidad de los denominados principios de objetividad, imparcialidad y neutralidad que históricamente fueron los más preciados estandartes de la prensa liberal burguesa desde que se convirtió progresivamente, a partir de la segunda mitad del siglo XIX, en una próspera empresa capitalista donde el valor agregado de la política devino simiente.

 

Del vínculo carnal prensa-política surge el discurso periodístico visto como el conjunto de mensajes emitidos diariamente por los medios informativos en sus diferentes soportes tecnológicos, lenguajes, géneros hasta el destaque que reciben en la distribución espacial que ocupan esos contenidos en las páginas de los periódicos y noticieros con el que el público procura hacerse de una visión de la realidad.

 

Ese flujo informativo se define a partir de las demarcaciones impuestas por la línea o política editorial, una suerte de «Biblia» que cada entidad periodística se da como brújula de su quehacer. Se trata de la pauta normativa que pone los límites, la orientación, el orden y la jerarquización en la agenda del medio de prensa. Esa norma toma por base los intereses económicos, políticos y sociales de los propietarios de tales empresas noticiosas y de su relación con las élites de poder destinada a construir, según plantea el semiólogo argentino Eliseo Verón« la realidad socialmente relevante».

 

El académico uruguayo Héctor Borrat define el mensaje de prensa como discurso político no solo porque lo reproduce, sino también por usar su lenguaje, factores que, además, lo distinguen como actor al nivel de cualquier político, partido y gobernante.

 

Esa acción discursiva se vale de prácticas estructurantes inherentes al discurso político como la argumentación para buscar el convencimiento a favor o en contra. Ello genera efectos cognitivos devenidos creencias compartidas socialmente que se almacenan en la mente en forma de esquemas o estructuras como guiones que la sicología los define como modelos interpretativos.

 

En ese sentido, vale destacar el punto de vista cardinal delteórico de la comunicación británico Denis Mc Quail, cuando al definir el poder simbólico afirma:«Los medios son en sí mismo un poder por su capacidad de llamar y dirigir la atención, de convencer, de conferir estatus y legitimidad de influir en la conducta individual y social de miles de millones de personas en el planeta al mismo tiempo a partir del dominio que tienen del espacio público, y aún más, pueden definir y estructurar las percepciones de la realidad». 

 

De ahí el nexo matricial del periodismo al sistema político, pues ejerce su función de forma inmediata al poder vinculados al estado, los partidos, las corporaciones económicas y la sociedad civil donde también encuentran sus principales fuentes de información. No olvidar que cada sistema político se hace de un modelo de prensa que le sea funcional a sus intereses estratégicos de poder que representa.

 

De ahí que la acción mediática sea parte del mecanismo de funcionamiento integral de la sociedad, en tanto se supone que el derecho a la información es un derecho humano básico. En suma, la función principal del periodismo con su relato cotidiano del acontecer está dirigida a formar opinión pública, fabricar consenso y ejercer control social.

 

Bajo esas coordenadas, los medios construyen relatos que influyen en la percepción pública, la diplomacia y los intereses estratégicos. Lo hacen, por ejemplo, como instrumento de poder blando al proyectar la cultura, los valores y la ideología de los estados.

 

En cuanto al control de la agenda internacional, en conflictos bélicos como los que vivimos, la prensa hegemónica puede usarse como vehículo para desinformar, polarizar o justificar acciones militares. En la geopolítica de la información de hoy, por ejemplo, el acceso, censura y control de los medios digitales se ha convertido en un campo de disputa entre potencias.

 

Pero, ¿qué otras cosas hace la prensa como actor político? Pues difunde la agenda política, privilegia sus fuentes de información según la postura asumida por la publicación, otorga visibilidad y construye estereotipos.

 

En otras palabras, los reporteros van tras el rastro del poder, pues las noticias deben basarse en fuentes con capacidad de decidir o cambiar su curso, la evolución de los temas se sigue en los puntos oficiales de recolección de información como ruedas de prensa, convenciones, reuniones, declaraciones exclusiva de sus líderes, documentos programáticos, entre otras formas de transmitir puntos de vistas, mientras en la elaboración del mensaje se emplean las metáforas y el lenguaje que emplean los emisores y las conectan con la cultura política de la audiencia.

 

Vale subrayar que los aparatos informativos al conformar el orden del día de la publicación lo hacen seleccionando ciertos temas para las discusiones que pasan a ocupar el centro de la atención pública e incluso pueden llegar a ser cuestiones para la acción política.

 

Ello se enmarca bajo el principio la Agenda Setting o Establecimiento de la Agenda, de los académicos estadounidenses Maxwell McCombs y Donald Shaw, con la cual sostienen que los medios de comunicación de masas no dicen qué pensar, sino sobre qué pensar.

 

Como actor político, el periodismo desde la agenda mediática también estimula a la acción como lo hace en campañas electorales; mientras en tiempos de conflictos, de crisis en expansión y agudización impulsa la participación popular en marchas, concentraciones, huelgas, movilización para la insurrección o la guerra. Para ello emplea una amplia gama de mecanismos desinformativos que van desde la mentira y la omisión hasta formas más sofisticadas de persuasión.

Sobre la relación prensa-política es preciso recordar que a mediados de los años 80 del siglo pasado, 50 grupos mediáticos se repartían el dominio mundial en el ámbito de la comunicación y la información.

 

En estos momentos son diez las megacorporaciones, todas con un poder de penetración avasallante y asimétrico respecto a cualquier otro grupo o empresa mediática en el planeta. Basta un ejemplo: solo la estadounidense News Corporation se comunica a diario con tres mil millones de personas.

 

Nuevos territorios informativos han eclosionado en lo que va de siglo, tal como lo evidencian las redes sociales con una apropiación sin precedentes del espacio público donde han planteado la bandera del liderazgo y con ello una nueva forma de colonización no ya desde la territorialidad geográfica, sino del territorio simbólico o de las conciencias.

 

Pie de foto: News Corporation se comunica a diario con tres mil millones de personas. Foto: Tomada de Internet.

 

Fuentes consultadas:

  • Borrat, Héctor. (1989) El periódico, actor del sistema político. En: file:///C:/Users/Roger/Downloads/uab,+Article04.pdf
  • González Martin, Olga Rosa. El discurso político-mediático sobre Cuba en el contexto de las Cumbres de las Américas. En: http://www.cna.cipi.cu/cna/article/view/97
  • Ricardo, Roger (2013). El magnicidio mediático de Hugo Chávez. El caso del diario El Nacional durante la campaña por la Enmienda constitucional de 2009. En: htpp:// accesoabierto. uh.cu. PDF.
  • Ricardo, Roger. (2008) Medios y política. ¿Quién habló de la imparcialidad? Conferencia impartida en la Universidad Central de Ecuador.
  • Serrano, Pascual. (2017) Contra la neutralidad. Editorial Pablo de la Torriente. La Habana.
  • Zunino, Esteban. Agenda setting: cincuenta años de investigación en comunicación. En: https://dialnet.unirioja.es › descarga › articulo PDF.

 

 

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