EEUU e Israel han puesto en marcha una nueva agresión contra Irán. (II)

05 de Marzo de 2026

Las autoridades iraníes no han cedido a las presiones norteamericanas.Fuente: Sitio web cadena británica BBC.

 

Un despliegue militar que no se veía en más de 20 años

Desde la invasión a Iraq, en marzo 2003, EEUU no tenía una presencia militar tan peligrosa en Medio Oriente, con la particularidad de que en esta ocasión no desplegó tropas terrestres para una invasión. La razón es una: no tienen recursos suficientes para una operación de ese tipo, que pudiera incluso ser más desastrosa que Iraq y Afganistán juntas.

 

La apuesta, como ya estamos viendo, es una campaña aérea y coheteril que puede extenderse varias semanas, combinada con otras acciones, como el asesinato selectivo de jefes militares y políticos iraníes, con la intención de descabezar el mando de la nación persa. Ignoran que la Revolución Islámica no tiene un año y que la determinación de sus líderes y del pueblo iraní está por encima de nombres y de hombres.

 

En marcha se encuentra una campaña de Guerra No Convencional, organizada por Israel y EEUU, que ha provocado desde diciembre último manifestaciones violentas en todo el país, y que públicamente ha sido estimulada por Tel Aviv y Washington, que tratan de aprovechar ese probable momento de vulnerabilidad que aprecian en su principal rival en Medio Oriente.

 

Se trata de un esquema de agresión que EEUU y sus aliados pueden replicar en cualquier otro escenario. La Administración Trump rechaza las «guerras interminables» —entiéndase invasiones— por costosas y por empantanar y retrasar la modernización de sus fuerzas para seguir el ritmo de desarrollo tecnológico de sus adversarios.

 

Tras comenzar la agresión, el presidente Trump llamó al pueblo iraní a sublevarse contra el Gobierno, reconociendo de hecho que el objetivo sobrepasa la destrucción de las capacidades nucleares y militares de Irán. El ente sionista y Washington buscan un cambio de régimen.

 

La respuesta de Irán no se ha hecho esperar. Sus fuerzas coheteriles han respondido de manera enérgica. A pesar del duro golpe de haber perdido a sus principales líderes, no ha habido desmoralización de sus fuerzas, que han respondido atacando el territorio israelí y las más de 20 instalaciones militares norteamericanas en la región.

 

Se han reportado las primeras bajas estadounidenses en Kuwait, con tres muertos y varios heridos. Instalaciones de radar, buques de apoyo logístico y otros recursos de ese tipo también han sido golpeados. Informaciones no confirmadas refieren que el portaaviones CVN-72 también fue atacado con drones y cohetes balísticos.

 

Teherán había mostrado músculo en ejercicios militares recientes, incluso con aliados como Rusia, en los que entrenó ataques contra buques de combate adversarios. Era una clara señal dirigida a la Marina estadounidense, cuyos jefes siempre han temido a los enjambres de drones iraníes, capaces de hundir una embarcación en plazos muy breves, como pudieran constatar tras esta agresión no provocada.

 

Los riesgos regionales son elevados

Las consecuencias regionales del ataque contra Irán son severas. La respuesta de la nación persa ha extendido el teatro de la guerra más allá de sus fronteras y de las fronteras israelíes, para golpear intereses estadounidenses y de sus aliados en Iraq, Arabia Saudita, Bahréin, Kuwait y Emiratos Árabes Unidos, lo que convierte al Medio Oriente en un escenario de guerra abierta. Los rebeldes hutíes de Yemen y otras fuerzas irregulares proiraníes han adelantado que no permanecerán impasibles.

 

Las rutas de suministro energético global, como el estrecho de Ormuz, ya están siendo afectadas, con buques varados en medio del mar y posibles repercusiones en los mercados internacionales del petróleo.

 

El efecto inmediato global parece complejo. Una guerra prolongada en Medio Oriente incrementaría los precios del petróleo, y el daño sobre millones de personas pudiera conducir a una crisis humanitaria. El conflicto puede exacerbar la rivalidad entre EEUU y potencias como Rusia y China, que apoyan a Irán y han condenado públicamente la agresión, fracturando aun más el ya débil orden internacional.

 

La historia demuestra que el uso de la fuerza supone altos riesgos y que resulta perentorio buscar soluciones políticas duraderas, para evitar que un conflicto mayor con consecuencias regionales y globales, pero debe haber respeto por la diplomacia y las instituciones internacionales que velan por ello. EEUU no se entera de eso y ha dinamitado una vez más el orden internacional.

 

Marzo ha sido un mes de triste recordación en Medio Oriente y el Norte de África. En marzo de 2003, EEUU desató la invasión a Iraq, mientras que marzo de 2011 fue testigo de la agresión a Libia.

 

Ha comenzado marzo de 2026 con Medio Oriente bajo fuego, impulsado por el papel que nuevamente Washington asume como policía global, esta vez contra Irán, para desatar junto a Israel una agresión militar al margen de las organizaciones internacionales, las mismas que han permanecido impasibles ante actos de guerra ilegales similares.

 

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