Dos Cumbres para la guerra bajo el pretexto del combate al narcotráfico. (I)
Las últimas décadas han sido testigos de como EEUU ha empleado el combate al narcotráfico en áreas del Comando Sur, entiéndase América Latina, para mantener una presencia militar avanzada en esa región.
En cualquier época del año, se tiene información pública sobre buques y aviones de combate y del Servicio de Guardacostas norteamericanos, que patrullan los cielos y las aguas del subcontinente, en la búsqueda de medios navales y aéreos que trasladan drogas desde Sudamérica hacia EEUU y otras naciones, incluido el territorio europeo.
Nadie duda que el narcotráfico se ha convertido en una de las principales amenazas para la estabilidad política y social de América Latina y que tiene un impacto en el territorio estadounidense, por constituir el mercado principal de la droga que sale de la región latinoamericana.
Los cárteles de la droga han demostrado que pueden socavar instituciones y operar como ejércitos paralelos, han obligado a replantear estrategias tradicionales de seguridad. En este contexto, EEUU organizó dos cumbres en Florida, los días 5 y 7 de marzo de 2026, reuniendo a doce mandatarios latinoamericanos.
De esos encuentros, surgió la coalición militar «Escudo de las Américas», presentada como un bloque hemisférico —incluso cuando falta más de la mitad de los países del área— para enfrentar a los cárteles con operaciones conjuntas.
Las declaraciones de Donald Trump, el secretario de Defensa Pete Hegseth y el General Francis Donovan, Jefe del Comando Sur, marcaron el rumbo de una estrategia que apunta a operaciones muy peligrosas en lo inmediato y que deja serias dudas sobre su alcance y verdaderos objetivos en el futuro inmediato.
Primer encuentro: preparación de condiciones
El 5 de marzo, en el Comando Sur de EEUU en Florida, se celebró la reunión preparatoria. El secretario de Defensa, Pete Hegseth, advirtió que «los cárteles son una amenaza existencial para la estabilidad regional» y que la respuesta debía ser «militar, coordinada y sin concesiones».
El General Francis Donovan reforzó la idea, al señalar que «los criminales no respetan fronteras, por eso nuestras operaciones tampoco pueden estar limitadas por ellas». Estas declaraciones reflejaron la convicción de que la lucha debía trascender los marcos policiales y convertirse en una ofensiva militar conjunta.
Segundo encuentro: anuncio de la coalición
El 7 de marzo, también en Florida, Donald Trump oficializó la creación de la «Américas Counter Cartel Coalition», conocida como «Escudo de las Américas».
En su discurso, el Mandatario afirmó que «la única respuesta es la fuerza letal contra los narcoterroristas». En el marco de esa Cumbre, Trump pareció vincular la iniciativa con objetivos más amplios y especialmente peligrosos para nuestro país, cuando afirmó: «La dictadura cubana vive sus últimos momentos».
Con esas palabras, Trump pareció dejar claro que no solo busca enfrentar a los cárteles, sino también presionar a países considerados hostiles por Washington. No hace falta ir muy lejos en el tiempo para que se entienda de qué hablamos.
Plan Colombia e Iniciativa Mérida como antecedentes
El «Escudo de las Américas» recuerda a experiencias previas de cooperación regional contra el narcotráfico y en materia de seguridad. Por ejemplo, el Plan Colombia que echó a andar con el comienzo de este siglo se centraba en asistencia militar y financiera de EEUU para combatir el narcotráfico y las guerrillas.
Aunque logró debilitar a las FARC y reducir cultivos ilícitos, fue criticado por violaciones a derechos humanos y dependencia de la ayuda externa y no logró sus objetivos.
Igual sucedió con la Iniciativa Mérida, de 2008, que consistió en un acuerdo entre EEUU y México para fortalecer capacidades policiales y judiciales. Si bien aportó tecnología y entrenamiento, no logró frenar la violencia asociada a los cárteles.

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