Apuntes de un diario: 20 - 23. 6. 1988.
A las 0800 hrs del día 20 retorné a Cahama desde Lubango junto a Cádiz y Bong. En la cabina de carga era frecuente que viajara el general de división Leopoldo Cintra Frías, Polo.
Me reincorporaba a esa base después de la angustiosa misión del día anterior a través de Jamba, la estancia en Cahama ya me atraía. Eran momentos de tensión junto al grupo de pilotos de cazas en el local de la guardia combativa; bajo los ensordecedores ruidos de sus aviones, o de las máquinas ingenieras que daban terminación al aeropuerto; azotados por olas de arena de los vientos diurnos, que filtraban los ojos, la boca, las vasijas de la cocina, o por su cercanía a la frontera de Namibia (120km), a sus aviones Mirage, a sus cañones G-5 y G-6; o dada la permanencia de mi hermano Elio Esteban en Xangongo. No sé; pero me estaba enamorando de esta base aérea.
Después del almuerzo, informaron de una misión con Polo y otros oficiales a Xangongo. No era para nuestra tripulación, sino para la de Marcilla (1er teniente Fernando Marcilla Cortés) y Navarro, un copiloto de Camagüey —no recuerdo al técnico—. Hablé con Navarro para que me cediera el puesto, y así yo trataría de ver a mi hermano por allá. Este aceptó. Volamos por la conocida ruta de la carretera; aunque con tan mala suerte que la misión fue hasta Humbe, 10 km antes de Xangongo. Allí estuvimos varias horas, en mi caso lleno de dolor porque no podía reencontrarme con Esteban. Regresamos casi de noche.
El 22, después de almuerzo, nos dieron posición 1, pues desde el sur de Tchipa los sudafricanos hostigaban con cañones de largo alcance a nuestras fuerzas en esa aldea. Despegaron cuatro MIG-23ML. Dos con bombas y dos con cohetes aire-aire. A nosotros inicialmente también nos ordenaron hacerlo para acercar la BSR (Brigada de Salvamento y Rescate) a estos; pero luego dieron una contra orden y nos mantuvimos en tierra. En fin, los MIG no dieron con el objetivo enemigo; por tanto, los que cargaban bombas tuvieron que lanzarlas a campo abierto en aquella zona en busca de seguridad durante el aterrizaje.
Calmada la situación, en la tarde, casi todo el personal de cazas y helicópteros se movió hacia la cabecera este de la pista en apoyo a la construcción de la nueva casa, destinada a todos los tripulantes. La actual, en la cabecera oeste, solo se quedaría para la guardia combativa.
El día 23 volamos temprano hacia Tchipa. Fue mi segunda misión a ese lugar, y ya me iba acostumbrando a la presencia de Polo detrás; por lo que la tensión disminuía. Mientras el general y sus oficiales visitaban las tropas, nosotros conversamos largamente con los soldados que se nos acercaban. De ellos conocimos que la noche anterior también habían tenido hostigamento artillero de los sudafricanos.
Cerca de las 1100 hr llegó Polo y su comisión. Desde otra dirección se acercó una ambulancia de color verde. Cuando abrieron las puertas traseras observamos a dos niños sobre camillas, delgados, de unos 10 o 12 años de edad. Uno estaba vendado en una rodilla; el otro, en un pie. Los acompañaban dos personas mayores que parecían los padres: el hombre tenía estatura alta y era flaco, con un faldón de la cintura hacia abajo; la mujer, bajita de cuerpo escuálido y torso descubierto.
—Son de la tribu Mumuila y los niños fueron heridos por los proyectiles sudafricanos de anoche. A ese le arrancaron el hueso de la rodilla, y al otro le llevaron un dedo del pie —nos dijo el médico de la unidad cubana señalando a los muchachos—, me llamó la atención que no soltaban lágrimas ni se quejaban.
Polo ordenó que los montaran primero. Ayudamos a los sanitarios y al técnico a acomodar sus camillas en el piso. Cádiz despegó con mucho cuidado, y lo hizo verticalmente para superar los eucaliptos. Luego tomó el rumbo norte hacia Cahama. Navegué sin perder los detalles; recordando el mal momento que habíamos tenido con el propio general el anterior día 15 en esa misma ruta. A los 20 km entró la señal del radiofaro de la base, y continuamos el vuelo confiados en nuestro destino.
Aterrizamos y, ya en la rampa junto a los transportes de los jefes, esperaba una ambulancia. De inmediato trasladaron a los heridos y sus acompañantes para esta. Desde mi asiento derecho pude ver en aquellos rostros destellos de agredecimiento por nuestra atención.
-FUENTES: Diario del autor, mapa de Angola, fotos cortesía del autor, fotos de la página de Facebook «Historia de la aviación militar cubana».
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