Bloqueo, la guerra económica contra Cuba
Desde que el 3 de febrero de 1962 el presidente John F. Kennedy estampó su firma, decretando la orden del bloqueo total contra Cuba, los continuos inquilinos de la Casa Blanca —tanto republicanos como demócratas— la ratificaron bajo el manido y falso pretexto de que es un «asunto bilateral». Cuatro días después, el 7 de febrero, se declaraba oficialmente la puesta en marcha de tan inhumana política.
El bloqueo, desde entonces, ha sido el principal obstáculo para el desarrollo de la isla caribeña.La que vivimos hoy, ha sido la realidad de generaciones de cubanos. Es la batalla diaria de la resistencia de un pueblo. Es la lucha cotidiana contra las maniobras enfermizas de sucesivos gobiernos norteamericanos, que han ignorado durante años el reclamo de la comunidad internacional, que exige el cese del cerco de asfixia económica contra la familia cubana.
Los efectos de esta guerra contra la economía, la sociedad y los sueños de progreso de millones de cubanos, no han cesado ni un solo día. En los últimos años, la cruel política de la administración norteamericana ha sido recrudecida.
Ciertamente, sus impactos se ven reflejados en todos los ámbitos de la sociedad. Ningún sector escapa de las afectaciones severas del bloqueo, el más prolongado y abarcador sistema de medidas coercitivas unilaterales jamás aplicado contra nación alguna.
El gobierno de los Estados Unidos ha ignorado por más de treinta años las sistemáticas resoluciones aprobadas por la Asamblea General de las Naciones Unidas y las voces a lo interno de la sociedad estadounidense que abogan por poner fin al bloqueo. Es una política obsoleta que ha terminado por desacreditar y aislar a la norteña nación. Sin embargo, se mantiene inamovible.
La persecución financiera se ha reforzado aún más con la arbitraria inclusión de Cuba en la lista unilateral del Departamento de Estado sobre supuestos países patrocinadores del terrorismo. Esa absurda posición del inquilino de la Casa Blanca pudiera modificarse con solo una firma. Sin embargo, no existe la voluntad política de revertir una de las medidas más dañinas que gravita sobre todos los sectores de la economía nacional, aun cuando se conoce que los motivos esgrimidos para su aplicación son infundados y deshonestos.
Más allá de las cifras millonarias que han dañado nuestro desarrollo económico, cada cubano tiene su propia vivencia de la hostil política de Washington: el medicamento que nos falta, los materiales escolares, la industria que se detuvo por los equipos que no pudimos comprar, la vivienda que no se construyó, el transporte carente de piezas de repuesto, y qué decir de la situación electroenergética nacional, que cada día golpea todos los ámbitos de la vida nacional.
El pueblo de Cuba es heroico. Lo muestra cotidianamente. Con nuestras luces y sombras hemos salido adelante, apreciando siempre la inmensa solidaridad internacional. A Cuba la amamos y defendemos sus buenos hijos, pero también muchas personas, movimientos y organizaciones amigas en diferentes latitudes.
La osadía de nuestro pueblo es reconocida y admirada a escala global. El mayor desafío está en preservar la unidad de la nación, porque ante el mundo, el bloqueo ya fue vencido con una resistencia inigualable. La dignidad de un pueblo no se puede bloquear.

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