La memoria de la Revolución

08 de Noviembre de 2025

Pioneros de la escuela primaria Pedro María Rodríguez realizan homenaje a Ángel «Machaco» Amejeiras, Pedro Rodríguez y Rogelio «Rogito» Perea. Foto:Agustín Borrego Torres

 

 

Si por algo es recordada la figura de Fulgencio Batista, es por la cantidad de vidas valiosas que arrancó. Ellos concluyeron tempranamente, sobre todo después de los asaltos a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes, que esos jóvenes no desistirían de su propósito de construir a un país distinto, y solo quedaba la eliminación física.

 

Aunque existe una invitación a la desmemoria por parte de los mismos que se empeñan en quitar el calificativo de «dictador» a Batista, para endilgárselo a los líderes de la Revolución, lo cierto es que fueron tiempos de muerte. Ningún país debería amanecer todos los días con las calles manchada por la sangre de sus mejores hijos. Y todo esto ocurrió con la complicidad estadounidense y la impunidad de los asesinos.

 

A finales de 1958, aunque el tirano sabía que estaba vencido, no ordenó la disminución de la represión, sino todo lo contrario. Había líderes del Movimiento 26 de Julio en el llano, como Ángel «Machaco» Amejeiras, jefe de acción y sabotaje en La Habana, sobre quienes se cernía una cacería feroz.

 

El 6 de octubre, «Machaco» había sido sorprendido en la zona del Sevillano, pero a golpe de tiros logró escapar; no obstante, las garras del enemigo estaban cada vez más cerca. En esa acción fue capturado y asesinado el revolucionario José Ángel Rosell.

 

Una y otra vivienda se «quemaba», pero no por la acción del fuego, sino por la delación y la búsqueda incesante de los esbirros. Cada vez era más difícil que los perseguidos encontraran un lugar seguro en el que guarecerse, al menos unos días.

 

El 3 de noviembre, «Machaco» y su compañera Norma Porras llegaron a un apartamento ubicado en Goicuría y O`Farril. En el lugar también estaban Pedro Gutiérrez y Rogelio «Rogito» Perea.No lo sabían, pero entre ellos se paseaba la muerte y esas últimas conversaciones que sostuvieron en voz baja para no ser escuchados, fueron las últimas de los tres hombres.

 

Ineludible mencionar en este punto a la película «Clandestinos», del director Fernando Pérez. Es conocido que él se inspiró en esos sucesos, y en especial lo ocurrido el 8 de noviembre de 1958, lo que magistralmente quedó recreado en la escena final. El personaje que interpretó la actriz Isabel Santos era Norma, quien fue la única sobreviviente de aquella madrugada; estaba embarazada.

 

El apartamento fue rodeado por los esbirros del teniente coronel Esteban Ventura Novo, jefe de la 5ta Estación del Distrito Central de la Policía Nacional, de conjunto con los temibles miembros del Servicio de Inteligencia Militar. La superioridad numérica y en armamentos era tan grande, que lo sucedido fue el preámbulo de un asesinato atroz.

 

Los cuatro jóvenes combatieron hasta que se les acabó el poquísimo parque que tenían. Las posibilidades de salir con vida de aquella ratonera eran prácticamente nulas, pero ellos apostaron por pelear y darles una lección de honor y coraje a sus captores.

 

Un elemento que hizo tristemente célebre a la dictadura batistiana, fue el más absoluto irrespeto por la vida de los prisioneros. Con la valentía que daba saber que los jóvenes ya no tenían medios para defenderse, irrumpieron en el apartamento. Los cuatro estaban con vidas, pero solo Norma fue llevada a una celda, porque a «Machaco», Pedro y «Rogito», los vejaron y un par de horas después aparecieron asesinados en el piso de la antigua casa de socorros en la calle Corrales.

 

Todas las muertes duelen, pero estas tuvieron el dolor añadido de que ocurrieron cuando la Revolución ya era casi una realidad.

 

Aunque algunos sugieran el olvido, la memoria debe ser caprichosa e irredenta. Saber de dónde venimos, es definir hacia dónde queremos ir.

 

Referencias

 

  • Estudiantes de la enseñanza media realizan homenaje a Ángel «Machaco» Amejeiras, Pedro Rodríguez y Rogelio «Rogito» Perea. Foto:Agustín Borrego Torres

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