El «Vaquerito» y los suicidas
La lucha contra el tirano Fulgencio Batista estuvo llena de compañeros valerosos y temerarios. Solo simpatizar con el Movimiento 26 de Julio te podía llevar a un fichaje policial y tu respectiva golpiza. Enrolarse en actividades conspirativas, si te atrapaban, se pagaba casi siempre con la vida. Y alzarse era una especie de liberación de la posibilidad de morir a manos de los esbirros de la policía, pero surgía la posibilidad de ser alcanzado por un disparo o una bomba.
Hombres como el capitán Roberto Rodríguez Fernández, el «Vaquerito», parecían ignorar cualquier posibilidad de que la muerte los podía sorprender en cualquier momento. Él, por su baja estatura, se empeñaba en disparar al enemigo en completa posición erguida.
Llegó a la Sierra Maestra con 22 años, pero parecía un adolescente. El Che lo llevó ante Fidel, y cuando este último lo vio descalzo y sin armas, no lo quería aceptar. Existía una norma necesaria de que los grupos de apoyo en el llano debían enviar refuerzos, pero con sus armas, porque el Ejército Rebelde no disponía de fusiles para los recién llegados. Sin embargo, como a él no lo había enviado nadie, y por su insistencia, se le permitió quedarse.
Celia de inmediato le regaló un par de botas mexicanas blancas, que solo podrían ser usada por alguien con el pie especialmente pequeño, desde ese momento, fue bautizado como el «Vaquerito».
Tal vez por su aspecto infantil, las primeras tareas que cumplió fueron como mensajero. Sin embargo, cuando supo que no formaría parte de las tropas que se dirigirían al centro y occidente del país, reclamó a Fidel su deseo de formar parte de la contienda. Como muestra de sus ocurrencias y sentido del humor, dijo que gustaba más de combatir en las ciudades y entraría a los cuarteles como había visto en las películas. Fue destinado a la columna Número Ocho «Ciro Redondo», dirigida por el Comandante Ernesto Che Guevara.
Si bien el «Vaquerito» era de baja estatura, en la medida que se fue desplazando hacia el centro del país, su estatura guerrillera iba creciendo de manera significativa. En cada uno de los combates se destacó sobre todo por su temeridad, pues el muchacho parecía no tener miedo y jugar con las balas, que le llegaron a rozar la cabeza en una ocasión.
En Caibarién, se acercó tanto al cuartel donde los guardias estaban atrincherados, que al ver que no se rendían, invitó al jefe a batirse a duelo con sus pistolas. En Caracusey, fue enviado por el Che a explorar el lugar donde se guarecían los militares y al regresar y el jefe preguntarle por lo que había visto, le dijo que ya lo esperaban para acabar de rendirse porque él ya los había atacado.
Tal era su ímpetu y arrojo, que propuso al Che crear una pequeña fuerza que se encargaría de cumplir las misiones más riesgosas. A la pregunta de si se refería a un pelotón suicidas, dijo que sí, y que él sería el jefe. Sobre ese grupo el Che escribió: «Era un ejemplo de moral revolucionaria, y a ese solamente iban voluntarios escogidos. Sin embargo, cada vez que un hombre moría, y eso ocurría en cada combate, al hacerse la designación del nuevo aspirante, los desechados realizaban escenas de dolor que llegaban hasta el llanto».
El 30 de diciembre de 1958, en el horario de la tarde, mientras intentaban tomar la Estación de Policía, recibió un disparo en la cabeza. En ese momento estaba en el techo de una casa a unos 60 metros del objetivo.
Uno delos rebeldes que estaba en el lugar, José Rafael Hung Oropesa, recuerda el triste incidente de la siguiente manera: «Él estaba situado a poco más de 50 metros de la estación de policía. Desde el techo de una casa disparaba de pie, enfrentando el pecho al fuego enemigo. El segundo al mando del pelotón, Leonardo Tamayo, le gritaba insistentemente ‛tírate, que te van a matar’. De nada valió aquel reclamo. Fue así como una bala enemiga atravesó la cabeza de El Vaquerito. Eran aproximadamente las 4 y 30 de la tarde del 30 de diciembre de 1958».
Sobre su muerte, el Che escribió: «Recuerdo que tenía el dolor de comunicar al pueblo de Cuba la muerte del Capitán Roberto Rodríguez, el «Vaquerito», pequeño de estatura y de edad, jefe del Pelotón Suicida, quien jugó con la muerte una y mil veces en lucha por la libertad».
Fuentes consultadas:
- Gómez, J. (2020). El vaquerito, el guerrillero que desafiaba la muerte. Radio Trinidad. Obtenido de https://www.radiotrinidad.icrt.cu/2020/07/07/el-vaquerito-el-guerrillero-que-desafiaba-la-muerte/
- Morales, L. (2018). De Roberto Rodríguez al Vaquerito, en el aniversario 60 de su caída en combate. Cubadebate. Obtenido de http://www.cubadebate.cu/especiales/2018/12/30/de-roberto-rodriguez-al-vaquerito-en-el-aniversario-60-de-su-caida-en-combate/
- Pérez, F. (2019). El hombre que desafiaba la muerte. Granma. Obtenido de https://www.granma.cu/cuba/2024-11-17/el-hombre-que-desafiaba-la-muerte-03-01-2019-22-01-02
- Pérez, F. (2023). El «Vaquerito», un pequeño gigante de la lucha guerrillera. Granma. Obtenido de https://www.granma.cu/cuba/2023-12-30/el-vaquerito-un-pequeno-gigante-de...



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