El pretexto del Maine
En la región más occidental del país se encuentra un monumento que está situado en el concurrido Malecón capitalino, el cual rinde homenaje a 264 marineros y dos oficiales, fallecidos el 15 de febrero de 1898, tras la explosión del acorazado norteamericano Maine.
Buque de guerra que llegó a La Habana el 24 de enero de ese año. Su capitán, Charles D. Sigsbee, con una tripulación de 350 hombres, navegaba desde la Isla Tortuga, para realizar una visita de supuesta confraternidad.
Durante la noche del 15 de febrero, con excepción de dos que estaban de guardia, los oficiales habían bajado a tierra. A las 9:40 marcan una gran explosión, y otras menores, que destruyeron el acorazado.
Tal acontecimiento fue aprovechado, rápidamente, por el Norte, como pretexto para intervenir en la guerra existente entre cubanos y españoles.
No obstante la negativa de responsabilidad por parte de las autoridades de la Metrópoli, y la protesta de los nacionales, Estados Unidos insistió en la acusación y se opuso a cualquier acto conciliatorio.
En realidad, según la doctrina Monroe, la fruta ya estaba madura; ahora vendría la cosecha. Con la intervención en el conflicto, tuvo lugar la primera guerra imperialista de la historia y los cubanos veían truncada la independencia, prácticamente ganada por el Ejército Libertador a fuerza de coraje y balas.
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