Libros

Tiembla el Ogaden es un título muy bien pensado. Artilleros, tanquistas, pilotos, infantes, asesores, traductores, especialistas de cifras, trabajadores de la salud propiciaron vibrar la tierra e imponer el respeto de quienes luchan por una verdad, en los más complejos teatros de operaciones militares, donde se hicieron «malabares» para que cada hombre y medio de lucha estuvieran en total disposición combativa en todo momento.

Por la valiosa información sobre la historia real de los hechos
que se narran en este libro, dejo expreso mi agradecimiento
al comandante Faure Chomón Mediavilla.
De igual manera, agradezco
a mis ayudantes: tenientes coroneles Juan F. Carrazana Castro y
Rafael Moreno Ruiz; sargento primera Neldis Valls Valls;
a Mirian Collazo Díaz y Alejandrina Garmendía Salas,
jefa de despacho y secretaria del presidente de la Asamblea Nacional
del Poder Popular en Ciudad de La Habana, respectivamente;
y a Alexis Rojas Aguilera, corresponsal de la AIN
en la provincia de Holguín, por su importante colaboración.

Los historiadores guantanameros Wilfredo de Jesús Campos Cremé y José Sánchez Guerra vuelven a unir sus habilidades y empeños para ofrecernos una apasionante visión sobre el episodio militar más significativo del siglo xix en el territorio guantanamero, cuando cubanos y yanquis combinaron sus esfuerzos para derrotar al español; solo que, a la hora de los laureles, todos fueron a parar a las sienes de los estadounidenses y, además, se quedaron con la bahía de Guantánamo.

 

Por lo general, no se le hace justicia a las unidades mambisas que bajo el mando del experimentado general de división Pedro Agustín Pérez, Periquito, encerraron en un firme dogal las tropas de la 2.a brigada de la 2.a división del 4.o cuerpo de ejército español, bajo el mando del general Félix Pareja Mesa: unos siete mil hombres les impidieron marchar en ayuda del general Arsenio Linares Pombo en la sitiada Santiago y les obligaron a combatir en el cerco, a media ración y sin otra perspectiva que la capitulación. El propio William Rufus Shafter a fuer de ignorar el protagonismo mambí, confesó: “[…] nunca entendí 6 por qué las tropas españolas en Guantánamo no atacaron por la retaguardia en Santiago [de Cuba]”

Entre apuntes, memorias que a veces están salpicadas con humor, fotos…que se encuentran en esta obra, el autor navega de nuevo a Etiopía y desea dejar en manos del lector todas sus vivencias. En sus páginas se cuenta el significativo desempeño que tuvieron nuestros jóvenes comunicadores en la ayuda internacionalista a este hermano país. Los acontecimientos aquí narrados se corresponden con la realidad histórica.

Siempre en combate recoge algunos de los aspectos principales de la vida del autor, así como acciones fundamentales vividas por las tropas cubanas y él en la República Popular de Angola, Etiopía y otros países.

 

Este libro, esfuerzo modesto, sencillo, hecho por el combatiente, luchador incansable, general de cuerpo de ejército Ramón Espinosa Martín, ha intentado recoger parte de la historia vivida por él y muchos otros compañeros, como un reconocimiento también a este heroico pueblo y a sus hijos internacionalistas.

Desde la intensidad del alma, vuelve esta magia movilizadora a llamarnos. Magia movilizadora le llamo a la estrofa que desde los «poetas de la guerra», como los nombró Martí en la manigua mambisa, es incalculable inyección en el espíritu y en la voluntad del cubano. En mi caso, viene desde la sangre hasta la cuna, desde el placer de sentirla hasta el compromiso extremo de trabajar profesionalmente para ella. Incontables emociones como poeta improvisador me han dejado vivir, desde el escenario más humilde de uno de nuestros barrios hasta representando en disímiles eventos internacionales a nuestra querida y respetada Isla. Esta importante y definitoria tarea no es menos emocionante, diría que es más comprometedora. Un prólogo supera la fugacidad de la improvisación, vuela con alas de eternidad en un cielo de grafito y no tiene retroceso, permanece para siempre plasmado en páginas que recorrerán las pupilas de incontables lectores, incluso, cuando no estemos.

 

Páginas