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Noventa escalones para ascender a la cima de una vida dedicada a los demás, a Cuba, a su América, a la humanidad.

Era solo un jovencito y se pronunció contra la corrupción y el gansterismo que imperaban entonces en la Universidad habanera y en toda la sociedad cubana; lleno de valor enfrentó la amenaza, incluso, a costa de la propia vida.

Era solo un joven y comprendió el valor de la solidaridad, de la hermandad, y se pronunció a favor de los pueblos de Puerto Rico, Nicaragua, República Dominicana; de los excluidos y desprotegidos del mundo.

Era solo un joven e hizo repicar de nuevo la campana de la Demajagua para que los estudiantes, y la juventud del país y del planeta reclamaran los derechos de quienes se saben con razones e ideales suficientes.

Era solo un joven e hizo desbordarse, en nuestras calles, un mar de cubanas y cubanos, cuando la Marcha de las Antorchas.

Era solo un joven, cuando a la cabeza de un centenar de combatientes se propuso alcanzar el cielo por asalto y librar a su tierra de la tiranía.

Por eso, es él en cada niño, adolescente o joven que le imita, que le sigue, que le ama, que expresa “Yo soy Fidel”… Porque son grandes, desde que nacen, aquellos que con sus nombres escriben millones de historias en solo tres pa-labras: justicia, dignidad, libertad.

Rafaela Valerino Romero

Sentimientos patrióticos vibraban en cada uno de los hombres y mujeres que se alistaban para una acción armada contra el tirano. Corría entonces el año 1953. En una hazaña como la que se preparaba era imprescindible la emoción, ánimos exaltados. El líder lo sabía bien y piensa en el valor movilizador de una marcha.

 

Quiso el destino que Fidel confiara en Agustín Díaz Cartaya para que escribiera los versos  que, cantados, llevarían en sus corazones aquel 26 de julio.

Reto a la soledad

El 22 de enero de 1978 Orlando Cardoso Villavicencio, entonces teniente de las FAR, fue herido en las cercanías de Harar, Etiopía, mientras cumplía una misión internacionalista. Único sobreviviente de una sangrienta emboscada, sufrió una larga, cruel e inhumana encarcelación en una prisión somalí y se convirtió en el prisionero de guerra más antiguo del mundo en su momento.
Este título posee un encanto singular, la tragedia está siempre matizada por un toque de esperanza, y la crítica fluctúa entre el juicio severo y el bondadoso perdón. Las memorias de este combatiente desbordan, entre sus líneas, la nobleza humana de un joven que nos deja admirados ante su hazaña que —al decir de Fidel— es “[…] un triunfo sobre las ideas más oscuras y retrógradas”.

¿Quiénes somos? ¿De dónde venimos? ¿Hacia dónde vamos? son algunas de las preguntas que la obra El último general mambí caído en combate pretende responder a través de la historia del brigadier Adolfo Laureano del Castillo Sánchez.

 

El volumen, bajo el Sello de la Casa Editorial Verde Olivo, pretende romper las fronteras del olvido y dar a conocer los orígenes y trayectoria de este patriota que, con el filo del machete, escaló los más altos peldaños del Ejército Libertador en la región habanera.

 

Valentín Molina Piñeiro, su autor, hace llegar al lector un proyecto que abarca desde su niñez hasta la posterior incorporación a las filas mambisas y los progresivos ascensos. Además, dará a conocer su heroica caída en combate y los tributos que la sociedad cubana le ha conferido por su distinguida existencia.

 

Conformado por breves cronologías, anexos y testimonio gráfico, la investigación descansa en el análisis exhaustivo de las variadas fuentes documentales y bibliográficas. Sirva entonces esta publicación como preámbulo y motivación para futuros estudios sobre los patriotas menos recordados de las gestas independentistas de Cuba.

Huellas de Tania es el título de esta obra para la cual se ha  indagado y compilado informaciones basadas en la vida de Haydée Tamara Bunke Bíder, Tania la Guerrillera. De igual forma se dan a conocer  hechos inéditos desde su nacimiento, el 19 de noviembre de 1937 en la ciudad argentina de Buenos Aires, hasta su caída en combate en el vado de Puerto Mauricio en Río Grande, Bolivia, el 31 de agosto de 1967, casi al cumplir treinta años. Se precisan algunos acontecimientos referidos a la impresionante vida clandestina y a su heroica actuación en la guerrilla del Che en Bolivia.

Herido en una emboscada durante el cumplimiento de una misión internacionalista, el coronel Orlando Cardoso Villavicencio, fue hecho prisionero por tropas somalíes, y sometido a un cruel régimen carcelario durante diez años, siete meses y un día.

 

En el reducido espacio de su celda, nacieron Wendy y El duque Pedro y El reino embrujado. El primero, narra historias fantásticas sobre brujas, dragones, gigantes y otras creaciones de la fantasía; mientras que en el segundo, un malévolo hechizo castiga a un reino. Ambos cuentos, constituyen los únicos lazos, que  atarona Cardoso Villavicencio a su infancia y al mundo exterior que le negaban, convirtiéndose en muestra de la voluntad y la sensibilidad de este hombre, que hoy ostenta el título de Héroe de la República de Cuba.

 

Tal y como fueron escritos originalmente, y bajo el sello de la Casa Editorial Verde Olivo, llegan estas obras a manos de los pequeños de casa, como parte de las actividades de la XXX Feria Internacional del Libro de La Habana, en esta ocasión de forma digital.

 

Quizás resulte extraño que un combatiente, en lugar de contar historias de guerra, escriba cuentos de hadas. La razón habría que buscarla en la soledad de su cautiverio. Allí, lejos de la patria y la familia, escribir fue la única manera de continuar luchando por vivir.

 

Más que una quimera de apariencia infantil o simples historias para niños, entre sus páginas encontramos, la fe de un hombre que no pudo ser destruido.

 

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