La guerra “viralizada”

14 de Febrero de 2026

Las redes sociales en el conflicto ucraniano ocupan el primer lugar en el frente de batalla comunicacional. Foto: Tomada de Internet.

 

Cuando comienza una guerra trae un relato mediático con el cual cada bando busca imponer su versión de los hechos; entonces, la honestidad periodística casi siempre es ultrajada con la conversión de la información en propaganda basada en la desinformación.

 

Es así como los medios hacen más visible su alineación política abandonando todo sentido crítico en interés de divulgar y defender los argumentos de una de las partes beligerantes.

 

La crisis ucraniana no escapa a esa contingencia, pero aporta una significativa novedad. Por primera vez el protagonismo en el frente de batalla comunicacional lo ocupan las redes sociales desplazando del estrellato a las cadenas de televisión que, como la CNN, lo ganaron con las trasmisiones en «Vivo y directo» en la primera guerra del Golfo.

Basta decir que las redes sociales pueden ejercer potencialmente influencia sobre los más de cinco mil millones de personas que en el mundo acceden a alguna de esas comunidades digitales existentes.

 

Como se ha reiterado, desde el final de la Segunda Guerra Mundial en 1945, no ha habido una conflagración bélica con características y dimensiones semejantes a la de Ucrania. Por un lado, es un conflicto bélico local, pues el teatro de operaciones está demarcado en un territorio geográfico preciso, mas es una contienda global por sus consecuencias digitales, comunicacionales y mediáticas.

 

Por definición, esas entidades están destinadas a propiciar el intercambio de un tipo de mensaje de corte coloquial, breve, emocional, casi siempre instantáneo, pues cada internauta se siente un eslabón de esa cadena con la misión de expresarse, conectar, remitir, enviar, pasar, repercutir, afirman sus estrategas.

 

El periodista y teórico de la comunicación Ignacio Ramonet también sostiene que ese deseo compulsivo de adherirse y compartir hace que las redes consigan difundir masivamente un sentimiento general, una interpretación dominante sobre cualquier tema en la cual la desinformación es clave y la velocidad de circulación dificulta la verificación favoreciendo así la polarización en los públicos a los que va dirigido.

 

Por su parte, el lingüista estadounidense Noam Chomski estima que esas plataformas digitales ofrecen la oportunidad de escuchar toda una serie de perspectivas y análisis, y de encontrar información que a menudo no está disponible en la corriente dominante que propician los medios globales hegemónicos; pero no está claro hasta qué punto se aprovechan estas oportunidades.

 

El académico llama la atención sobre la tendencia a que cada vez más internautas graviten en «burbujas» que se refuerzan a sí mismas y escuchan poco de lo que hay más allá de sus propias creencias y actitudes, afianzándose de manera más intensas y extremas.

 

Hoy, mientras los medios tradicionales imponen la agenda informativa, las redes sociales se ocupan del anclaje personal y emocional. Es por ello quela opinión pública hoy no se construye exclusivamente con la opinión publicitada por la prensa tradicional, sino con la opinión compartida en las referidas cadenas cibernéticas.

 

En suma, estas colectividades y las tecnologías digitales han redefinido la naturaleza de la guerra contemporánea al punto de reconocerla como la primera guerra «viralizada», subrayan analistas.

 

Este es el primer conflicto retrasmitido en tiempo real a través de fragmentos e imágenes, tal como sucede con plataformas como Tik Tok, X e Instagram donde la emocionalidad, los memes y la realidad se entremezclan y se propagan intensamente. Ello ha generado una participación sin precedentes de actores online desde ciudadanos comunes hasta hackers en la confrontación.

 

Líneas de mensaje

Los rusos usan herramientas poderosas para movilizar apoyo, ejercer diplomacia digital y brindar sus percepciones de la realidad. Una de las principales líneas de mensaje es que Ucrania está gobernada por un régimen nazista y debe ser desnacificada.

 

Entre tanto, la narrativa ucraniana centra sus acciones a partir de la rusofobia. Tanto es así que al inicio de la acción militar del Kremlin, el entonces presidente de Estados Unidos, Joe Biden, se montó en el carro ucraniano y dijo lapidariamente que se trataba de colocar a Rusia en una situación de paria planetario.

 

Kiev utiliza también la tribuna digital para reforzar su imagen internacional, solicitar apoyo militar y financiero y movilizar solidaridad internacional a través de hashtag.

 

A inicios de 2025, Ucrania tenía 31.5 millones de usuarios de internet y tiene operativa la aplicación gubernamental DII que cuenta con 22.7 millones de usuarios. Ese ecosistema digital ha fortalecido la capacidad del régimen para funcionar y movilizar a la población durante la guerra.

 

En otra de las aristas del tema, los analistas señalan que Google, Meta, Tik Tok, Facebook comparten datos con Ucrania, Estados Unidos y la OTAN, controlan información, eliminan cuentas o sirven como herramientas de movilización emocional, entre otros servicios.

 

Esa guerra ha devenido campo de prueba para la integración de tecnologías digitales en el conflicto. Por ejemplo, mediante la big data y otras prestaciones de la inteligencia artificial se geolocalizan y evalúan datos de fuentes abiertas (como las redes sociales), identificar personal militar, automatizar proceso de desinformación.

 

Otro elemento en el frente mediático de la guerra es el relativo al control de la información. Desde ambas trincheras se han dictado leyes que penalizan la difusión de los mensajes que contradigan la de carácter oficial; asimismo, ha reforzado la regulación de medios para combatir la propaganda rusa.

 

En esas coordenadas de la conflagración, Google decidió sacar de la plataforma a los medios Russia Today y Sputnik, mientras Facebook e Instagram aceptan «mensajes de odio» contra los rusos y en la misma cuerda de la censura, X advierte que no se hará eco de noticias de medios afiliados a Moscú.

 

Analistas afirman también que, desde el inicio del conflicto en 2014 y su escalada militar en 2022, los ciberataques se han intensificado de manera exponencial. Ello no solo afecta infraestructuras críticas, sino que también influyen en la percepción pública y en la moral de la población.

 

En un mundo donde la comunicación se ha convertido, digamos, en materia prima estratégica, el control de las redes sociales otorga a quien ejerce el poder una ventaja estratégica y geopolítica decisiva. (FIN)

 

 

 

Fuentes consultadas:

 

 

 

Comentarios

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