Pensemos ante el disfrute de carteles cubanos
¡¿Quién no rememora historias y personajes emblemáticos de una buena película cuando aprecia el valor artístico del cartel evocador?! Sobre esta relevancia dan fe las obras Now, realizada por Alfredo González Rostgard, ICAIC, 1965, inspirada en el documental de Santiago Álvarez, y Por primera vez de Eduardo Muñoz Bachs, ICAIC, 1968, a partir de la realización de Octavio Cortázar. El exquisito acervo político y cultural de trascendencia social que aportaron estos y otros maestros nutren la memoria histórica de generaciones. Incluso, motivan en la juventud ver e interpretar filmes, documentales y animados de notable incidencia en la revelación de valores éticos y estéticos.
Desde la última década del siglo XIX, el cartel fue reconocido en el mundo como manifestación artística. De manera paulatina pintores, escultores y creadores de las artes visuales empezaron a incursionar en el diseño gráfico.
En Cuba, esta manifestación ha tenido un sentido transformador, revolucionario y expresa diferentes vertientes. Permite exaltar al pueblo a participar en una concentración. También puede recordar determinado título cinematográfico, reclamar mayor conciencia en el trabajo agrícola o llamar a las armas ante peligros de invasión. Es un llamado a la acción desde el punto de vista de la visualidad; estimula la participación y el desarrollo de la conciencia.
Al hacer memoria lo percibimos: el Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC) descuella entre las instituciones culturales que con seriedad y constancia han renovado contenidos y formas artísticas de los carteles. Al nacer el nuevo cine en nuestra nación y como políticaen esta institución se creó el Departamento de Publicidad, dirigido por un baluarte creativo, SaúlYelín. Audaz e imaginativo, fue el promotor de un sólido movimiento gráfico,recurrió a diseñadores con experiencia y al quehacer de pintores virtuosos: Raúl Martínez, René Portocarrero y Servando Cabrera Moreno.
En el universo de las artes visuales, el cartel tiene personalidad propia. Texturas, colores, ideas, pensamientos, nutren los resultados artísticos plasmados en obras que marcan aperturas conceptuales y filosóficas y estilos particulares.
La promoción cultural que socializa esta expresión documental y estética merece ser analizada por públicos de diferentes generaciones. Disfruten al ver técnicas y procedimientos dramatúrgicos incluidos en obrasque en el ICAIC, espacios públicos de Cuba y del mundo recrean símbolos, mensajes, códigos y metáforas ilustrativas del buen gusto y el desarrollo espiritual de los seres humanos.
Pensemos, cada pieza de la cartelística lleva en sí la dualidad que define al arte; las relaciones entre el interés de decir (claridad, exactitud literal) y el silencio parlante (economía de medios expresivos, y evocación). Es preciso interpretarlos al considerar la estrecha relación contenido y representación gráfica para nutrirnos de la belleza y de un lenguaje que entra por los ojos, queda en el alma y la conciencia de las personas sin límites de sexos o edades para el presente y el futuro de nuestras vidas.


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