Diplomacia revolucionaria: cómo Cuba estableció su primera misión en la Unión Soviética
De la clandestinidad a la Cancillería: cómo un puñado de guerrilleros sin experiencia diplomática estableció la alianza que salvó a la Revolución Cubana en plena Guerra Fría.
Bajo el mando de Faure Chomón, nueve combatientes cubanos establecieron en 1960 la primera embajada en la Unión Soviética, consolidando la alianza estratégica que fue crucial para romper el bloqueo estadounidense y garantizar la defensa de la Revolución.
Septiembre de 1960. Un avión despega de La Habana con rumbo a Moscú. A bordo no viajan diplomáticos de carrera, sino nueve veteranos de la lucha clandestina. Hombres y mujeres que, apenas meses antes, empuñaban armas en las calles contra la dictadura de Batista. Ahora, en el epicentro de la Guerra Fría, enfrentaban una misión tan crucial como improbable: establecer la primera embajada de la Cuba revolucionaria en la Unión Soviética.
El año 1960 era una carrera contra el tiempo para la supervivencia de la Revolución. Asfixiada por un embargo económico estadounidense y acorralada tras su expulsión de la OEA, la joven revolución necesitaba aliados poderosos. La visita a La Habana en febrero de Anastás Mikoyán, viceprimer ministro soviético, había encendido la esperanza: créditos por 100 millones de dólares, acuerdos comerciales y el compromiso de restablecer relaciones diplomáticas. El telón de acero se entreabría para la isla.
La composición de aquella primera misión fue un mensaje en sí misma. Cada uno de sus integrantes fue seleccionado no por su dominio del protocolo, sino por su hoja de servicios intachables en la lucha:
Armando Pérez Pintó, el agregado comercial, había destinado su sueldo completo en 1957 para financiar el audaz asalto al Palacio Presidencial.
Toribio R. de la Vega y Eugenio Chacón Villareal, cuyas habilidades se forjaron más en la clandestinidad que en los salones de recepción.
La Dra. Paulina Hoed García y Celia Abrantes, entre otros, completaban un equipo donde la lealtad a la Revolución era la credencial principal.
Al frente de este singular grupo iba el comandante Faure Chomón, sobreviviente del asalto a Palacio y hombre de «extrema confianza» para el liderazgo revolucionario, como lo demuestran los expedientes de la cancillería cubana.
La fría bienvenida de Moscú contrastó con el calor de la misión. Lejos de las comodidades diplomáticas, los nueve cubanos pasaron sus primeros tres meses hacinados en el hotel Ukrainia. «Era una etapa difícil para la Unión Soviética en el tema del alojamiento», era la explicación oficial, que el equipo asumió con la misma austeridad que caracterizó la lucha en la Sierra Maestra.
Cuando por fin se instalaron en la calle Pomeransev No. 6, la embajada trascendió su función diplomática. Se convirtió en un pedazo de Cuba en tierra soviética. Los sábados por la tarde, el lugar vibraba con la llegada de estudiantes cubanos, ávidos por ver noticieros de la isla y películas cubanas. «El propio embajador los atendía y les contaba anécdotas de la lucha contra la tiranía».
Mientras el equipo administrativo mantenía la maquinaria de la embajada en marcha, los negociadores trabajaban contra reloj. En diciembre de 1960, la misión alcanzó su punto crítico con la llegada a Moscú del comandante Ernesto Che Guevara, al frente de una delegación económica. La embajada completa se movilizó como un estado mayor en campaña, organizando reuniones de alto nivel con el propio Nikita Jruschov, visitas a fábricas y complejas rondas de negociación.
El éxito de aquel esfuerzo colectivo fue vital para la isla. En cuestión de meses, se concretaron:
- Un convenio de suministro de petróleo que quebró el monopolio norteamericano.
- Acuerdos militares que llevarían a Cuba los tanques T-34 y las antiaéreas que serían decisivas para la victoria en Playa Girón.
- Protocolos comerciales que garantizaron un intercambio económico estable por años
Cuando en 1962 el primer equipo diplomático completó su misión, había logrado algo más que establecer una embajada: había sentado las bases de una alianza estratégica que definiría el destino de Cuba durante tres décadas. No fue la obra de un hombre solo, sino la victoria de un colectivo que supo trasladar el espíritu, la entrega y la audacia del campo de batalla a los intrincados salones de la diplomacia internacional.
Aquellos nueve cubanos, y los que se les unieron, demostraron que en el frente de la política exterior también se libraban batallas decisivas. Sin disparar un solo tiro, aseguraron la supervivencia de la Revolución en su hora más crítica, tendiendo desde Moscú el puente más importante de la Guerra Fría.
Fuentes Bibliográficas:
- Centro de Gestión Documental del MINREX. Fondos sobre FaureChomón Mediavilla. La Habana: Ministerio de Relaciones Exteriores de la República de Cuba.
- Chomón Mediavilla, Faure. Expediente de Embajador no. 4617. La Habana: Centro de Gestión Documental del Ministerio de Relaciones Exteriores de la República de Cuba (MINREX).
- Gobierno Provisional de la Revolución. "Leyes del Gobierno Provisional de la Revolución". En Folletos de Divulgación Legislativa, Tomo XX (1 al 31 de mayo de 1960), 101-102. La Habana: Editorial Lex, junio de 1960. "Año de la Educación".

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