Elegido por Fidel
El luchador de 22 años casi vive en total confinamiento. Transita sin revelar su identidad. A puertas cerradas, desde la responsabilidad que le corresponde como líder de Acción y Sabotaje del Movimiento 26 de Julio, orienta cada paso.
Carga con la angustia de compañeros perseguidos, detenidos o asesinados. Su hermano es un dolor que le quiebra, pero no le paraliza. Él, siendo el elegido para aquella misión, permanece al tanto de los movimientos del enemigo, gestiona fondos y materiales para los guerrilleros en las montañas.
Allí permanece su guía, con quien mantiene comunicación constante, le consulta los planes de acción…
Pero ¿quién es aquel muchacho al que Fidel Castro estima por su carácter e integridad?
Frank País sabe llegar y convencer, pero una decisión le cambia tempranamente la vida. Los acontecimientos son inminentes. Ser jefe de acción y preparar el Alzamiento del 30 de Noviembre le demandan cada vez más tiempo.
La Ciudad Héroe debía empinarse a la altura de la Sierra Maestra, donde después el joven clandestino pasaría un día completo hablando con Fidel, evaluando refuerzos en hombres, armas y otros recursos. Sin embargo, la labor que para 1956 era la causa de su vida, había iniciado antes.
Tenía solo 18 años aquella mañana de la Santa Ana cuando lo estremece el tiroteo que escuchó en su casa desde el distante Cuartel Moncada. Por la noche logra penetrar burlando la vigilancia, percibe los cuerpos acribillados que más tarde describiría: “Yo los llegué a ver, estaban todavía tirados en el suelo, todos llenos de sangre, de balas y de honor […]”.
En su intento por encontrar sobrevivientes y ayudarlos, elabora un plan para rescatar a los moncadistas presos en la Cárcel de Boniato. Aunque esta idea no pudo concretarse por falta de los recursos, Frank persigue los ideales que impulsaron a sus semejantes. Con la organización revolucionaria Acción Liberadora Nacional que fundara en 1954, propugna la lucha armada como solución a los problemas de Cuba.
Pronto se afianzaría a las razones expuestas en La historia me absolverá, definitivamente, a Fidel para abrazar la causa de la cual no se separaría jamás.
Escudo de lealtad
Fue María Antonia Figueroa Araújo quien durante una reunión con el Comandante en Jefe el 18 de junio de 1955 en casa de Melba Hernández, le recomendó a Fidel que Frank País podía ocupar el cargo de jefe de Acción y Sabotaje dentro del Movimiento 26 de Julio en Santiago de Cuba.
Ese primer y ansiado encuentro entre ambos líderes se concreta en México el 8 de agosto de 1956. Fidel constata las sugerencias de María Antonia y le expresa a ella que “su viaje ha resultado muy beneficioso”.
Por segunda vez, reunidos en la capital azteca en octubre, precisan detalles del Alzamiento de Santiago de Cuba. Así retorna el joven designado por Fidel como jefe Nacional de Acción del Movimiento, entonces cargo de mayor jerarquía en el país y con el cual multiplica su quehacer en pos de la causa revolucionaria.
La mayor prueba de esa entrega, el alto sentido de la responsabilidad y su indiscutible liderazgo en la lucha clandestina los confirma precisamente Fidel al confiarle a Frank las acciones del 30 de noviembre de 1956; aquella estratégica y crucial misión en apoyo al desembarco de la expedición que, en el yate Granma, se jugaba el destino de la Isla.
Al regreso renuncia a su puesto como maestro para dedicarse exclusivamente a organizar la misión encomendada. Constituía un acto de vida o muerte. La palabra empeñada es cumplida.
Su extraordinaria capacidad organizativa la brinda con el Levantamiento del 30 de Noviembre, que tuvo un carácter nacional. Acciones que se extendieron por todo Oriente y Camagüey, y con menor fuerza, en Santa Clara y algunos puntos de Occidente.
No hay historia sin su nombre
Aunque el éxito militar no es el esperado; en el plano político, sí. El 2 de diciembre arriban los expedicionarios. Poco tiempo después, Frank logra encontrarse con Fidel y con aquella tropa exhausta por el hambre, las extensas caminatas y el asedio del enemigo.
Es en el sitio conocido como El Marabuzal, en Manzanillo, donde se unen los combatientes de la clandestinidad para luego internarse en las montañas y ponerse bajo las órdenes del Comandante en Jefe. Es la última vez que coinciden ambos líderes.
Nuevas misiones emprenden desde entonces para contribuir a la consolidación del frente guerrillero devenido en Ejército Rebelde. Al Fidel establecer un pequeño núcleo en la Sierra Maestra, Frank garantiza el envío de suministros de armas, medicinas y hombres; lo cual permite la supervivencia y el posterior desarrollo de la guerrilla.
En uno de los momentos más difíciles de los combatientes en las montañas, marcha hasta allá en compañía de Haydée Santamaría, Faustino Pérez, Armando Hart y otros miembros de la Dirección Nacional del Movimiento 26 de Julio. Es febrero de 1957 y se hace imprescindible coordinar el apoyo desde el llano y guiar al periodista del New York Times, Herbert Matthews, ante la presencia de Fidel. La publicación de esta entrevista echaría por tierra la propaganda batistiana basada en la supuesta muerte del líder de la Revolución.
En marzo de 1957 cumple el compromiso de enviar armas hacia la Sierra Maestra y un primer contingente de hombres fogueados en la lucha en ciudades y pueblos, misión a la que entrega todo su talento organizador.
Con apenas 22 años de edad había constituido una considerable red de combatientes clandestinos en diversas localidades de la región oriental.
Así, bajo las más difíciles condiciones y perseguido tenazmente por la jauría de matones del régimen, Frank despliega el más intenso período clandestino para ser fiel a la confianza depositada en él por Fidel, y a la palabra con la que asegura: “El día que quede un solo cubano que crea en esta revolución, ese cubano seré yo”.
La tiranía batistiana creyó, hace 65 años, que enterraría a Frank País García en el olvido. La fe infinita en la victoria y la valentía irradiada con su ejemplo lo convirtieron, al decir del Comandante en Jefe Fidel Castro Ruz, “en símbolo de toda la generación que se sacrificó”.
Pudo dedicarse a la enseñanza como graduado de la Escuela Normal para Maestros, pero su magisterio lo entregó a la creación de núcleos revolucionarios y al arriesgado peregrinar del clandestinaje bajo el seudónimo de David. La historia de la Patria ha demostrado que aquel maestro que fundó una república en las aulas sería, una y mil veces, el elegido de Fidel.
Nota:
Trabajo publicado en la revista Verde Olivo No. 3 de 2022, pp. 26-28.
Fuentes consultadas:
Marlene Portuondo Pajón y Rafael Ramírez García: Cuba: ¡¿República?! Primera parte 1953-1958. Documentos y artículos. Editorial Félix Varela. La Habana, 2003.
Carta de Fidel Castro Ruz a Celia Sánchez, el 31 de julio de 1957.
Norberto Escalona Rodríguez: La maestra que desarmó a 800 soldados, Granma, 25 de septiembre de 2018.
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