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La Habana Capital épica de la Revolución Cubana

Asentado en referentes documentales, este libro propone un recorrido diacrónico, abarcador de diversos campos que llega hasta nuestros días. Incita a releer el pasado. Invita a seguir investigando, a difundir los resultados de acercamientos emprendidos desde distintos puntos de vista y aproximar a los más jóvenes al descubrimiento de un universo apasionante.

Hildelisa Díaz Gil, la autora, ha asumido el reto de escribir para los niños sobre un tema de vital trascendencia. Los tiempos actuales y los que están por venir requieren de obras como estas. Transitamos en momentos en que la guerra de los símbolos parece ocupar todos los espacios disponibles; la colonización cultural y hegemónica del imperio se encamina a cubrir con su contenido la mente de los más variados sectores y grupos sociales para borrar su memoria histórica y americanizar sus mentes y sus conductas y con ello doblegar el espíritu de rebeldía, independencia y solidaridad de los pueblos y hacer más fácil el camino de la dominación. Cuba no escapa de tales propósitos.

Esta obra no pretende reconstruir cada uno de los acontecimientos ni realizar una narración cronológica. Trata de exponer los principales hitos del movimiento revolucionario cubano y las causas por las cuales no se pudo obtener la victoria definitiva durante las guerras de independencia, por qué fracasó el proceso revolucionario de los años treinta y cómo fue posible, años después, que la Generación del Centenario reiniciara la acción armada hasta alcanzar la verdadera independencia.

Nuestro Apóstol expresó: “En los Andes puede estar el pedestal de nuestra libertad, pero el corazón de nuestra libertad está en nuestras mujeres”1. Vestidas de Patria, bajo el sello de la Casa Editorial Verde Olivo, invita a los amantes de la lectura a desempolvar viejas historias cargadas de heroísmo, que tienen como principal protagonista a la mujer cubana. Para ello, Olivia Diago Izquierdo, su autora, ha hurgado en este apasionante tema insuficientemente abordado.

 

Noventa escalones para ascender a la cima de una vida dedicada a los demás, a Cuba, al mundo, a la humanidad.

Era solo un niño y, aunque tenía una cómoda situación familiar, sufrió el hambre que aún hoy padecen millones de infantes en el mundo, a pesar de su estímulo cotidiano a la solidaridad mundial.

Era solo un niño, pero no admitió la vejación ni siquiera de parte de sus superiores. Desde temprano, la estirpe de hombre libre corrió por sus venas.

Era solo un adolescente, apuesto e inteligente, gallardo y muy estudioso, cuyo futuro fue avizorado desde entonces.

Era solo un joven e hizo repicar de nuevo la campana de la Demajagua para que los estudiantes, y la juventud del país y del planeta reclamaran los derechos de quienes se saben con razones e ideales suficientes.

Era solo un joven aquel que hizo desbordarse, en nuestras calles, un mar de cubanas y cubanos, cuando la Marcha de las Antorchas.

Era también solo un joven aquel que con su sangre generosa escribió millones de nombres en tan solo cinco letras: Fidel.

Es él en cada niño, adolescente o joven que le imita, que le sigue, que le ama, porque son grandes, desde que nacen, aquellos que con su ejemplo escriben un sinnúmero de historias en tan solo una palabra: justicia.

Las autoras

Hace ya mucho tiempo leí que Fidel Castro es una de las personalidades más fotografiadas de su tiempo. No tengo duda alguna de que así sea, debido a su larga ejecutoria pública por casi cincuenta años: sus viajes por diferentes países, su presencia en numerosos foros internacionales y sus tantos encuentros con otras personalidades de relieve mundial de las más variadas esferas sociales. Todo ello, desde luego, explica por qué las lentes le persiguieron por todas partes: no se entienden el siglo xx y los inicios del actual sin su presencia, siempre activa, renovadora, cuestionadora, como el mismo proceso revolucionarioque encabezó.

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