Mariana en la mirada de Martí y de Fidel

12 de Julio de 2025

Talla de Mariana en la Plaza de la Revolución que lleva su nombre, Guantánamo. Foto: Boris González Abreut

 

 

 

Mariana Grajales Cuello, la madre de los Maceo, nació en Santiago de Cuba, el 12 de julio de 1815. Hija de mulatos libres, sufrió la discriminación característica de la época. Se casó primero con Fructuoso Regüeiferos; en 1840 enviudó y tres años después se unió al campesino cubano Marcos Maceo (1808-1869).

 

Dos días después del alzamiento de Céspedes, reunió a su familia y les hizo jurar a todos, sobre un crucifijo, que lucharían hasta la muerte por la libertad de la Patria. Según contaba María, la esposa de Antonio, aquel día, les dijo: «De rodillas todos, padres e hijos, delante de Cristo, que fue el primer hombre liberal que vino al mundo, juremos libertar la patria o morir por ella».1 Y así fue: su esposo y todos sus hijos, incluidas las mujeres, participaron en nuestras guerras libertarias y, tras treinta años de lucha, solo sobrevivieron dos, con sus cuerpos llenos de cicatrices.

 

Creó una estirpe de titanes y ella misma —con 53 años de edad— se lanzó a la manigua y curó heridos en los hospitales de sangre, donde, además, arengaba a los convalecientes para que se reincorporaran a la lucha una vez restablecidos. Mariana permaneció en la manigua durante toda la Guerra de los Diez Años.

 

Como madre, supo inculcar a sus hijos responsabilidad, disciplina, valor y un profundo amor a la patria, a la libertad y a la justicia; pero como mujer y mambisa, sufrió las dificultades y escaseces de la guerra, la cercanía de la muerte y el dolor de la pérdida.

Según el historiador José Luciano Franco, una vez firmada la paz del Zanjón, desde la serranía guantanamera, Mariana alentaba la rebeldía de Antonio, que se concretó en la histórica Protesta de Baraguá.

 

Concluida la contienda, Mariana y otros miembros de la «tribu heroica» se radicaron en Jamaica, donde la visitó Martí en 1892 y vibró de emoción con los relatos de la viejecita, que ya por entonces contaba con ochenta años. Cuando murió, el 27 de noviembre de 1893, el Apóstol habló de ella en Patria en dos ocasiones; el propio Martí relató la conocida anécdota: «Fue un día en que traían a Antonio Maceo herido […] con el color de la muerte. Las mujeres todas, que eran muchas, se echaron a llorar […] Y la madre […] echaba del bohío a aquella gente llorona: «¡Fuera, fuera faldas de aquí! ¡No aguanto lágrimas!» […] Y a Marcos, el hijo, que era un rapaz aún, se lo encontró en una de las vueltas: «¡Y tú, empínate, porque ya es hora de que te vayas al campamento!».2

 

Martí vio en Mariana el símbolo de todo el heroísmo y la entrega de la mujer cubana, y Fidel también. Por eso, en la Sierra, el pelotón femenino ostentó el nombre de la insigne patriota y, en la fundación de la Federación de Mujeres Cubanas, el líder de la Revolución concluyó: «[…] la historia nos hablaba de grandes mujeres en nuestras luchas por la independencia, y una de ellas las simboliza a todas: Mariana Grajales […]».3

 

Referencias

1 María Cabrales Fernández: “Carta a Francisco de Paula Coronado”, 6 de mayo de 1897, en Nydia Sarabia: Historia de una familia mambisa: Mariana Grajales, Editorial Orbe, La Habana, 1975, p. 78.

2 José Martí: «La madre de los Maceo», en Obras completas, t. 5, Centro de Estudios Martianos, La Habana, 2007, p. 27.

3 Fidel Castro: «Discurso pronunciado en el acto de fusión de todas las organizaciones femeninas revolucionarias», Teatro de la CTC, 23 de agosto de 1960, en http://www.cuba.cu/gobierno/discursos/

  • Talla en el monumento a la heroína en el parque homónimo, en 23 entre C y D, en el Vedado capitalino. Foto: Lozano

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